CAMBIO CLIMÁTICO, DESAPARICIÓN DE LA CASA Y EXTINCIÓN DE LA TERRITORIEDAD AÑUU
El último despojo después de la tormenta.
Cuatro Advertencias y un camino.
Especialmente dedicado al Sup. Marcos o Galeano.
José Ángel Quintero Weir
(Kayushikai)
La Tormenta
“Bueno, el asunto es que lo que nosotros, nosotras,
zapatistas, miramos y escuchamos es que viene una
catástrofe en todos los sentidos, una tormenta.
Pero…resulta que nosotras, nosotros, zapatistas, también
miramos y escuchamos que personas con grandes
conocimientos dicen, a veces con su palabra, siempre
con su actitud, que todo sigue igual.
Que lo que la realidad nos está presentando, son sólo
pequeñas variaciones que no alteran en nada importante
el paisaje.
O sea, que nosotras, nosotros, zapatistas, vemos una cosa
y ellos ven otra. Porque vemos que se sigue recurriendo
a los mismos métodos (…).Y se hacen organizaciones
partidarias, se trazan planes, estrategias y tácticas,
haciendo verdaderos malabares de los conceptos.
Como si fueran equivalentes Estado, Gobierno y
Administración. Como si el Estado fuera el mismo,
como si tuviera las mismas funciones de hace 20, 40,
100 años. Como si el sistema fuera también el mismo y
mismas las formas de sometimiento, de destrucción. O,
para ponerlo en términos de la Sexta: las mismas formas
de explotación, represión, discriminación y despojo”
Sub-Comandante Galeano.
“El Pensamiento crítico frente a la Hidra Capitalista I”.
Primera advertencia: a los lectores.
Herman@
lect@r, antes de iniciar el desciframiento del escrito que sometemos a
tu consideración, creemos necesario advertirte de varias cosas que nos
parecen importantes; no sólo para que entiendas con propiedad lo que
pretendemos comprendas, pues, la presente palabra no ha sido escrita
para ser publicada y obtener con ello algún prestigio académico y, mucho
menos, económico (de sobra sabemos que esto es casi imposible de
lograr, a menos que se haya pactado la entrega del espíritu al diablo
del Estado); sino sobre todo, para que puedas en verdad ser recíproco
(que no solidario) con nosotros.
Queremos
decir, remitimos nuestra palabra no en función del aplauso de amigos que
sabemos nos aprecian; pero tampoco para pedir la solidaridad de nadie
ya que, a nuestro parecer, la solidaridad suele ser entendida
como acción unidireccional o caritativa de aquellos que creen tener el
poder de generar acciones hacia los otros; por tanto, lo que en verdad
proponemos es algo que, hasta cierto temor nos da ponerlo por escrito,
pues, como quiera que sea, puede ser visto como lo que realmente es:
algo evidentemente subversivo. Sin embargo, a todo riesgo, les
proponemos una reflexión conjunta para una rebelión unida; es decir, si
en verdad llegáramos a concordar luego de comprender lo que de seguidas
les contaremos, no se atrevan a ser solidari@s con nosotros, sino a
intentar juntos la construcción de caminos para rebelarnos como un solo
nosotros.
Lo
anterior debe llevar a suponer que nuestra palabra debe ser exiliada de
cualquier consideración como “ejercicio teórico” generado desde la
academia por un académico, pues, se sabe, que cuando un académico
escribe, generalmente lo hace para dirigirse a su exclusiva “comunidad
académica” que, dicho sea de paso, sólo existe en virtud de la
consideración “académica” de su palabra, esto es, está obligado a
guardar una debida formalidad a la que ha de ceñirse de manera estricta,
a unas reglas ya bien definidas por las llamadas “Revistas indexadas”;
de lo contrario, corre el riesgo de que su palabra pueda ser objeto de
negación, muy a pesar de que exprese la verdad más enorme.
Pero,
como ya han de suponer, no es eso lo que nos importa, sobre todo, porque
intentamos recuperar nuestro corazón en lo que es el horizonte ético de
la cosmovisión de nuestro pueblo. En este sentido, sabemos que estamos
obligados a decir la verdad, por dolorosa que ésta sea, pues, sólo así nos es posible alcanzar la confianza, que no es otra cosa que ser ciertamente responsables por nosotros y hacia los otros ya que es eso mismo lo que nos hace confiables ante los otros; por esa vía, es posible construir juntos: nosotros y los otros, nuestra autonomía, máxima expresión de nuestra consciencia como comunidad humana presente en el mundo.
Ahora
que, hablando con propiedad, debemos igualmente advertirles, que nuestro
espíritu igual ha sido atravesado por la flecha de la academia y sus
formas; quiero decir: Soy añuu y soy wayuu; mi carne es kayushi entre los añuu y es epiayuu
entre los wayuu; pero también soy profesor titular de la Universidad
del Zulia y doctorado en la UNAM; lo que en modo alguno ni me niega ni
me ofende, pues, en todo caso, crecí entre los fogones de mis abuelas
pero igual aprendí a comer la comida de los otros; esto, que para
muchos puede constituir una terrible crisis de identidad, para nosotros
(no sin crisis) se trata simplemente, de tomar partido por lo que en
verdad somos, lo que en modo alguno implica negar o liquidar esa parte
que debería ser negada por su historia de negación sobre nosotros.
Pero eso no me es posible ya que, si por vía materna soy epiayuu o kayushi,
por la vía paterna soy descendiente del negro cimarrón José Domingo
Estrella, general de montoneras y padre de generaciones entre las
poblaciones de Cabure y La Cruz de Taratara en la Sierra de Falcón; pero
también soy descendiente de William Weir, hijo de Henry Weir: escocés
miembro de la Legión inglesa presente en la batalla naval del Lago de
Maracaibo, en la que se logró expulsar definitivo a los españoles de
estas tierras. Pero William Weir fue también contrabandista y eterno
bandido en La Guajira.
En fin,
nuestra palabra no puede ser entendida como “propuesta teórica”, ya que
lejos de nuestro corazón está el proponer o crear nuevos conceptos; por
ello, evitaremos cuanto nos sea posible cruzar nuestro discurso con
citas de autores de los que, sin embargo, somos tributarios a sus
cauces. Por ello, de antemano señalamos a Carlos Lenkersdorf nuestro más
grande maestro en eso de saber lo que la palabra dice como expresión
del pensamiento territorial de las luchas de las comunidades que las
crean; pero también, la de Carlos Walter Porto-Gonçalves, nuestro
segundo maestro, quien supo vivir ser alumno de Chico Mendes, el más
grande defensor de nuestra Amazonía. Otros autores de seguro se asoman,
unos con más fuerza que otros: Arturo Escobar, Orlando Fals Borda,
Eduardo Subirats; entre otros, a quienes, en efecto, debemos algunos o
todos los conceptos con los que sustentamos nuestro atrevimiento de
escribir para y por l@sde abajo.
Segunda advertencia: La Madre de Agua.
De
antiguo, los más viejos añuu siempre dijeron que una laguna sólo emerge
cuando un hoyo del mundo ha sido tapado por el cuerpo de una hija de la
Luna, pues, toda tierra, toda agua y todo lo que sobre la tierra anda o
bajo las aguas desanda, todos y todas son hijos e hijas de la Luna. Por
eso, cuando preguntábamos, qué cuerpo podía ser tan grande y tan fuerte
como para tapar un hoyo del mundo para que así emergiera una Laguna,
nuestros ancestros describían a una gran serpiente que llamaban (siempre
en voz baja), la Madre de Agua∗.
Así,
desde la perspectiva añuu, es el enroscado cuerpo de una serpiente Madre
de Agua la que hace posible emerger todas las lagunas que en el mundo
existen, sean éstas grandes o pequeñas; claras u oscuras; estén en las
montañas o en las planicies; nada importa, ya que en todo caso, una
laguna existe porque es el cuerpo de la gran Madre de Agua quien al
cubrir ese hoyo del mundo, hace posible emerger las aguas de esa Laguna y
luego sostenerlas sobre su cuerpo.
Ahora
que, saben igualmente los añuu, que al momento en que cualquier ser
humano llega a ver ondulando sobre las aguas el sinuoso lomo de una
Madre de Agua, ello no es m´ças que terrible señal de que la serpiente
está dispuesta a abandonar su lugar, esto es, dejar de cubrir el hoyo
del mundo y, por esa vía, permitir que la Laguna que sobre ella ha
crecido, se mude o desaparezca, definitivo.
De estas y
otras muchas historias, que a vista de cualquiera resultan siempre
extraordinarias o fantásticas, fue alimentado el espíritu de los añuu y,
guiados por ese saber, fue por lo que entre julio y agosto de 2004,
regresé a la Laguna de Sinamaica para visitar a las abuelas que me
enseñaron esas y otras historias, procurando corroborar mi palabra en la
voz de las araürakan (Lasancianas). Pero
entonces, no más al llegar y encontrarme con Boris (mi eterno
acompañante en la Laguna), al responder mi saludo lo noté nervioso y, al
preguntar por su actitud me llevó aparte para decirme (en voz baja):
José, algo está a punto de pasar en la Laguna.
¿Por qué?, le pregunté (en igual voz baja).
Porque dicen que Miguelorio ha visto el lomo de la Madre de Agua emergiendo por los lados de La Boquita.
No dudé
en creer la palabra de Boris y, por eso, de inmediato le pedí me llevara
donde Miguelorio. Pero, al llegar a su rancho y preguntarle acerca de
su visión, Miguelorio me dijo:
¡Ay José! Todos andan diciendo lo
mismo, pero la verdad verdaita es que yo no la he visto. Dicen si, que
quien la vio fue María Sierra.
Entonces pedí a Boris poner proa hasta la casa de María Sierra; pero de nuevo, al interrogarla, ella igual me dijo:
“José, verla, verla, de verdad, no la he visto, pero quien dicen la ha sentido es el viejo Miguel Ángel Paz…”
En fin,
durante todo ese día y hasta llegar la noche, visitamos a todos aquellos
que se suponía habían logrado ver, sentir o presentir a la eterna Madre
de Agua que, saben los añuu, es quien en verdad cubre el hoyo del mundo
que hace posible la existencia de nuestra Laguna en Sinamaica. Es
decir, ella es la hija de la Luna que sobre sus lomos lleva el peso de
las aguas que dan vida y permiten la vida de todos los seres que en
ellas y sobre ellas habitamos; por tanto, el sólo presentimiento de su
posible desplazamiento es sin lugar a dudas una seria advertencia a la
posible desaparición de todas las comunidades de seres que allí existen,
es decir, la muy posible desaparición de todos nosotros.
Tercera Advertencia: El Informe al Pentágono.
A pesar de mi inquietud por no haber podido resolver materialmente la angustia colectiva que la invisible visión
de la Madre de Agua pero que, evidentemente, perturbaba a la comunidad
añuu en la Laguna de Sinamaica, regresé a mis compromisos. Entonces,
recordé que meses antes, exactamente en mayo de 2004, mi maestro Carlos
Lenkersdorf me dio a leer la fotocopia de un artículo publicado por la
Revista Monthly Review. Se trataba de un trabajo firmado por sus editores bajo el título: “El Pentágono y el cambio climático”♣.
En el
mismo se daba cuenta de la iniciativa de los jefes del Pentágono
decididos a evaluar las posibles consecuencias a la Seguridad Nacional
de los Estados Unidos en el contexto de un cambio climático abrupto.
Para ello, el Estado norteamericano decidió contratar a una empresa que,
dicho sea de paso, se trataba de una agencia de la Bolsa de Valores de
Wall Street quienes, a su vez, subcontrataron laboratorios de
investigación independientes cuya labor era: construir un modelo en base
a experiencias de laboratorio, capaz de proveer una panorámica de lo
que en verdad implica y ocurriría a nivel planetario en el contexto de
un cambio climático abrupto y, por supuesto, de sus consecuencias; pero
sobre todo, dotar al Estado norteamericano de las recomendaciones
políticas y militares para la defensa de su “integridad nacional”.
En efecto, explica el Informe que a pesar de la natural presencia de gases invernadero ya que,
Un efecto
invernadero es crucial para la atmósfera terrestre. Así, el dióxido de
carbono, el metano y otros gases invernadero acumulados en la atmósfera,
atrapan el calor que pudiera de otra manera ser irradiado al interior
del espacio. Este efecto invernadero natural, con la proximidad del sol,
sirve para calentar la tierra, haciéndola habitable para la diversidad
de especies. Pero ahora, como resultado del aumento del invernadero por
la emisión de gases generados por la producción humana, la mayoría por
el quemado de combustibles fósiles, este mismo efecto invernadero,
soporte de la vida, está empujando el nivel de la temperatura global más
y más alto.
Así,
Las
concentraciones de dióxido de carbono en la atmósfera están en estos
momentos, en su nivel más alto de los últimos 420 mil años, y
seguramente, de los últimos 20 millones de años. Elevando los niveles
del mar, calentando las mareas, cosechando daños, empeorando las
inundaciones y las sequías así como las más extremas condiciones
ambientales en general; todo esto como resultado del incremento de la
temperatura global.
Ahora
que, para los añuu, gente del agua, el techo de nuestra casa siempre lo
ha sido y será la gran bóveda celeste; por eso, bien entendemos lo que
el Sup. Marcos o Galeano dice al mencionar que los de arriba, muy
a pesar de saber que el techo de la gran casa se cae, mucho más peso le
ponen y, por encima de saber que el calentamiento global implica el
deshielo de los polos, que tal deshielo implica el endulzamiento del mar
(que por hermosa que suene la frase, implica la desaparición de la sal
del mar que, por muy salada que sea, es la que permite el natural
equilibrio del efecto invernadero para la existencia de la vida en el
mundo); en fin, a pesar de saber que un cambio climático abrupto
implica: incontenibles inundaciones en algunos lugares del planeta,
desertificación de otras, y grandes heladas en el resto; aún así, la
gran preocupación de los de arriba no es cómo detener el derrumbe del techo del mundo sino cómo sobrevivir en medio del desastre manteniendo su poder.
No describiremos las propuestas∗ que el Informe sugiere al Estado Norteamericano para enfrentar el contexto de un Cambio climático abrupto;
en todo caso, remitimos al lector al artículo, pues, para nosotros, lo
esencial en este momento es llamar la atención acerca de que tanto el Informe al Pentágono
como la presentida visión añuu de la Madre de Agua en Sinamaica están
estrechamente vinculadas a lo que también las comunidades zapatistas
anuncian como su presentimiento de una gran tormenta y que, ciertamente
se aproxima sobre todos. Aunque, como veremos, los añuu ya la vivimos y
hoy sólo experimentamos la agonía de sus consecuencias. Pero,
insistimos, nadie está obligado a creer en las premoniciones de los y
las zapatistas, mucho menos, en las visiones del pueblo añuu que a
diferencia de los zapatistas no está en condiciones ni tiene la
posibilidad de convocar a nadie, pues, nada tienen, nada les han dejado
los de arriba, sólo la condena a desaparecer ante el silencio de todos♠.
Sin
embargo, no podemos dejar de mencionarlas porque a estas alturas de
nuestra historia, todas nuestras premoniciones están vinculadas al hecho
concreto del despojo territorial y al vaciamiento de nuestra
territorialidad impuestos por la colonialidad del poder y del saber que,
como quiera que sea, nos ha llevado hoy día a considerar la posible
fase terminal de nuestra extinción como añuu, como pueblo. No de balde,
todos en Sinamaica ven/no-ven, sienten/no-sienten a la hija de la Luna,
la Madre de Agua que antes y por miles de años hizo posible la
existencia de las aguas de nuestra laguna/vida sobre sus lomos, pero que
ahora sólo vemos frente a nosotros como calaca de nuestro definitivo
rostro.
Por mejor
decir, muchas veces escuchamos hablar de la extinción de pueblos y al
igual que muchos pueblos sometidos a la idea que la colonialidad del
poder y del saber nos dictaba, dábamos por hecho que sólo se trataba de
historias muy lejanamente sucedidas a gentes tan alejadas en el
espacio/tiempo, que muy seguros nos sentíamos de que lo que siempre
imaginamos como una gran explosión de muerte, jamás llegaría al
espacio/tiempo de nosotros.
Hoy, tal
vez ya tarde, nos percatamos que no es así, pues, ahora comprendemos que
la amenaza de extinción no sólo se cierne sobre nosotros como pueblo
indígena, sino sobre grandes poblaciones de criollos igualmente
condenados a desaparecer por falta de agua debido a la ausencia de
lluvias y al progresivo aumento de las temperaturas que, en nuestro
tropical espacio territorial, alcanzan a superar los 50º centígrados en
tiempos en los que, antes sabíamos, debía hacer fresco por la acción de
los vientos o las lluvias.
Pero de
eso sólo nos percatamos, exactamente, a fines de 2010, pues, fue entre
octubre y noviembre de ese año que las lluvias en las cabeceras del río Wasaalee (Guasare) se hicieron indetenibles, obligando a subir el nivel de las aguas pero que todos asumieron como parte del hacer correspondiente a nuestro tío abuelo Juyakai♦.
Pero siguió lloviendo, y las aguas fueron subiendo por debajo de las
casas palafíticas y a pesar de que con fe, todos decían: “Seguro que hasta allí llegan”, o, “mañana seguro comienzan a bajar”;
no fue así. La lluvia siguió cayendo como diluvio y las aguas de la
Laguna seguían subiendo y subiendo y subiendo, hasta que todos debieron
abandonar sus casas, pues, las aguas alcanzaron la altura de los techos y
a muchos ranchos de enea los derribó la corriente del río; mientras que
a otros, los cubrió el barro y el sedimento.
Los
hermanos wayuu no sufrieron menos, pues, aquellos cauces de río que
creyeron como definitivamente secos o imposibles de revivir, se colmaron
de agua y lo que antes estimaban como su geografía conformada por
grandes sabanas semidesérticas, de la noche a la mañana, se
transformaron en poderosas y grandes corrientes de agua que arrasaron
con sus piinchipala (comunidad de casas) o se convirtieron
en gigantescas lagunas en las que, posteriormente, flotaban su muerte
sus vacas, sus ovejos, caballos y perros que reventaban su muerte ante
la desconsolada incomprensión de todos los wayuu.
Fue en
ese justo momento que, en efecto, por primera vez, luego de siglos de
resistencia y r-existencia, nuestro pueblo fue obligado a abandonar lo
que siempre consideró como el ombligo de su territorio; esto es, el
sitio de origen donde cada familia, luego de establecer su weiraüyüre o nuestrolugar de mirar
el techo del mundo, se enclava territorialmente como una constelación
familiar que se expande sobre las aguas de la Laguna hasta alcanzar el
punto en que, necesariamente, ha de cortarse para continuar compartiendo
el mundo con los otros, lo que previamente y por su sabiduría, es
configurado por los araürapañakan (ancianos hermanos mayores),
precisamente, haciendo coincidir el reflejo de los astros del cielo en
el espejo/espacio de las aguas y; por eso, cada familia añuu es en las
aguas la constelación familiar que en el techo del mundo brilla.
Pero, el
mundo ha cambiado su lengua, y ni los más viejos y experimentados
pescadores o las más ancianas y experimentadas cortadoras de enea,
logran entender el equívoco de sus palabras del mundo; mucho menos,
determinar hasta cuándo y hasta dónde podían llegar los niveles de las
aguas del río que nacieron la existencia de Warüshakarü (Nuestra Laguna). Sólo vivimos que la inundación fue terrible y la tormenta en las cabeceras del río seguía. Muchos llegaron a odiar a nuestro tío abueloJuyakai (El Lluvia); otros odiaron a nuestro padreJoutei (El Viento),
acusándolo de no hacer nada para enfrentar a su hermano para salvar a
la comunidad añuu: sus hijos e hijas en el mundo. De hecho, luego de
varias semanas en las que todas nuestras energías estuvieron dedicadas a
reunir comida, vestimentas y medicinas para llevar a los tercos añuu
que, en medio del desastre provocado por este singular cambio de lengua
del mundo, siempre se negaron a abandonar sus casas, pues, decían: “mientras estemos aquí, tendremos argumentos para acordar con dioses y con humanos”.
Ciertamente,
un par de semanas después del desastre, las aguas del río bajaron y
todas las familias desplazadas por la inundación intentaron regresar a
sus antiguos lugares; pero ya no habían casas que habitar, pues, las que
no habían sido derribadas por la corriente fueron sepultadas por el
barro y el sedimento de la creciente; en fin, si en verdad queríamos
reconstruir nuestro territorio en la Laguna de Sinamaica, estábamos
obligados a recuperar nuestras casas. Entonces llegó berrnadoran♠ y su “revolución”…
Cuarta Advertencia: De cómo se acaba un pueblo con una “política pública”.
Ciertamente,
todos aplaudimos cuando el mismísimo Presidente Chávez: ¡En vivo,
directo, vía satélite chino! (pero con el nombre de Simón Bolívar),
luego del inusitado deslave de aguas en La Guajira, se dirigió
directamente a nosotros para anunciar dos decisiones que, a su parecer,
eran la solución “revolucionaria” y “bolivariana” a nuestra desgracia,
pues, según él, nuestro desmadre se debía a un fenómeno
físico-natural-incontrolable para su gobierno pero que, además, era
nuestra forma de vivir en palafitos de mangle y paja de enea sobre las
aguas lo que potenciaba el desastre que ahora la “revolución” debía
corregir definitivo para, luego de más de 500 años, enrumbarnos por el
riel de la historia del progreso y el bienestar que ya su motor de las tres “erres” había echado andar.
Así, dijo
el Presidente, la primera medida era la de reconstruir el “hábitat de
la comunidad añuu en la Laguna”, pues, era realmente urgente recuperar
para las familias cada una de las viviendas que casi en su totalidad
habían sido liquidadas por la “inesperada inundación”. Para nosotros,
por supuesto, esa era una resolución evidentemente correcta; sin
embargo, supimos siempre llamar la atención acerca de que el problema no
se trataba sólo de construir nuevas casas sino que, tal medida (eso
exigíamos), debía ser acompañada por una que favoreciera la recuperación
total de nuestro territorio y de nuestra territorialidad, esto es, la
recuperación del control propio de nuestros espacios de pesca, caza y
recolección en toda la cuenca del Lago de Maracaibo como única forma de
rescatar nuestra autonomía territorial, es decir, de nuestra dignidad;
pero sobre todo, exigíamos la paralización y disolución de todos los
convenios de explotación minero-carbonífera en las alturas del Guasare,
así como de todos los proyectos mineros acordados entre el gobierno de
Chávez con los imperialistas chinos en la cuenca del río Socuy.
De sobra
está decir que nadie nos escuchó al respecto. Ni siquiera nuestros
hermanos añuu, quienes, sólo respondían al desespero de regresar a la
Laguna sobre una nueva casa. Algunas de ellas fueron enviadas por el
gobierno de Pepe Mujica (Uruguay) quien, por esta vía, supo bien sacar
provecho para su país de nuestra desgracia, pues, a cambio de sus casas
de madera obtuvo barriles de nuestro hermano me’ene y, como dicen los zapatistas, seguir (desde la “izquierda”) poniéndole peso al techo del mundo que ya cruje.
Las casas
de Pepe Mujica fueron rechazadas por la comunidad, pues, a fin de
cuentas, sólo eran “ranchos importados” de una madera desconocida por
todos; además, calurosas, pues impiden el flujo de la brisa al que la
comunidad, con su casa originaria, está acostumbrada. Nadie puede saber
cuántas de estas casas de madera uruguaya se facturaron a costa de me’ene;
de seguro, ni Pepe Mujica lo sabe y, si lo sabe, la cifra se pudrirá
con su cuerpo en la tumba, pues, tal como la derecha, la izquierda sabe
cómo callar sus propios delitos. Sólo podemos aseverar que apenas un par
de ejemplares de estos engendros habitacionales permanecen instalados
en la Laguna.
El
fracaso de esta política se debió al hecho de que si de algo se precian
los añuu es, precisamente, de su milenaria capacidad de transformar la
madera del mangle y el tejido de la enea y la majagua (gramíneas) en una
estructura habitacional fresca y duradera; de tal manera que, no serían
los ensambles uruguayos enviados por Pepe Mujica a cambio de me’ene los que sustituirían su casa originaria por un rancho de madera desconocida, pues, en todo caso, ellos aspiraban a una vivienda equipada∗
similar a la que la “revolución regalaba” a los criollos de la ciudad.
Entonces, Chávez les respondió con su gran “Misión Vivienda Venezuela”.
En este
contexto, nosotros (siempre ilusos), propusimos a los arquitectos e
ingenieros de la “revolución”, la posibilidad de atreverse a pensar en
una casa que partiera del dominio tecnológico desarrollado por milenios
como parte de la territorialidad propia de los añuu, es decir, hacer del
mangle, la enea y la majagua los elementos estructurales para el diseño
de una nueva casa añuu que, fuera capaz de cubrir las expectativas de
la población pero que los propios añuu, autónomamente, pudieran
construirla. Esta fue, al parecer, una propuesta cuya exigencia superaba
la capacidad intelectual de los técnicos del régimen o, sencillamente,
atentaba contra las corruptas aspiraciones de los grandes jefes de la
“Gran Misión Vivienda Venezuela” quienes, a fin de cuentas, sustentan la
“política pública” (y su personal beneficio) en el negociado de las
varillas de hierro (cabillas, les decimos en Venezuela), y el cemento.
Por ello,
las casas que al fin se construyeron (menos de la mitad de las
destruidas por las inundaciones del 2010), fueron de concreto armado, es
decir, haciendo uso de la tecnología de la colonialidad ajena al
dominio de los añuu: eternos constructores de casas; quienes, sólo eran
contratados para instalar los pilotes de sustentación de las mismas ya
que el piso es una pesada losa de concreto armado y sus paredes son de
adobe de cemento, frisados con el mismo material; en fin, una casa de
criollos con puertas y ventanas con protecciones de hierro, pero en
forma de palafito. Se trató, pues, de una obra en la que los añuu no
podían intervenir, pues, se trataba de una tecnología totalmente ajena a
su territorialidad. Dicho de otra manera, la “revolución bolivariana”
de Chávez fue capaz de generar el despojo del último elemento que
permitía al pueblo añuu pensarse y sentirse como un pueblo otro: la construcción de su casa sobre las aguas o el palafito.
Pero, por si fuera poco, al despojo de construir sus propias casas el ahora llamado “Comandante eterno”
decidió acompañar su primera resolución de una segunda; tal vez, más
fulminante y mortal para nosotros. Esta fue, el decreto por el que a
partir de ese momento nuestro territorio pasó a ser dominio exclusivo
del Alto Mando Militar ya que, siguiendo su particular interpretación
del concepto de “geometría del poder”∗, éste fue
transformado en “Distrito Militar Nº 1”, pues, según él, sólo
militarmente era posible establecer el orden en el caos generado por la
naturaleza, pero sobre todo, por la “caótica naturaleza de los indios”;
por tanto, según el Presidente y la intelectualidad que le sirve, todo
indio es susceptible de ser convertido, esto es, de ceder ante cualquier
poder y, por ello, resultan incapaces para “defender la integridad
territorial del Estado venezolano” y, por el contrario, son capaces de
abrir paso a los más abominables crímenes.
Así,
desde 2010, luego de la conversión del territorio de La Guajira en
“Distrito Militar Nº 1”, nunca han cesado los crímenes cometidos por las
Fuerzas Armadas Bolivarianas; de hecho, sólo entre los wayuu se
contabilizan unos 16 asesinados, otros 700 se encuentran sometidos a
juicio y, por lo menos uno (1) de ellos está certificadamente
desaparecido, pues, a pesar de las gráficas que muestran su detención
por militares, nunca más apareció su cuerpo.
Entre los
añuu sólo podemos certificar 4 (Cuatro) muertos como producto de los
allanamientos y persecuciones a los denominados “ranchos de
bachaqueros”; esto, porque nadie se atreve a denunciar nada ya que todos
tienen miedo. Personalmente, no me es posible cuestionar a nadie por su
silencio; pues, es evidente que el silencio que impera entre los wayuu y
los añuu se explica en la duda que en su corazón palpita, esta es: ¿en
quién confiar? ¿En los líderes de la oposición? ¿En los intelectuales
del llamado “pensamiento crítico” como Atilio Borón?, ¿Ana Esther
Ceceña?, ¿Enrique Dussel? o ¿Luis Britto García? Todos ellos,
reconocidos como “honestos” intelectuales con cerebros cargados de harta
criticidad pero que para seguir en el “riel de su progresismo
intelectual” se callan y, hasta nos mandan a callar a todos los otros
que, sin su “prestigio”, nos atrevemos a hablar de la lucha de pueblos
como el nuestro.
Ahora
que, hablando con propiedad, debemos decir que peor que estos
intelectuales que no son nosotros, también hay muchos de nuestros
hermanos que por propia cuenta decidieron convertirse en funcionarios;
algunos de ellos son hasta familiares de los asesinados por los
militares del gobierno y, lamentablemente, ante esos crímenes cometidos
por el Ejército Bolivariano en contra de su propia carne, decidieron
callar para sostener su empleo o su condición de favorecidos del
gobierno. Entonces, ¿en quién confiar?
He allí,
pues, el más terrible despojo al que hemos sido sometidos; esto es, el
despojo de lo que para los antiguos añuu es el tercer dedo de nuestro
horizonte ético generado por nuestra autónoma mano o territorialidad y
que, pensamos, ha de ser la misma mano social generada por cualquier
comunidad humana que territorialmente se conforma en el mundo, tal es: el principio de nuestra confianza en los otros, pues, sabemos, que sin confianza no es posible la existencia de comunidad alguna.
Pero en
fin, luego de las inundaciones de 2010, tanto los wayuu como los añuu
fuimos totalmente despojados de nuestro territorio en La Guajira y,
desde entonces, nuestro tránsito es fuertemente custodiado por las
fuerzas militares venezolanas que actúan como verdadero ejército de
ocupación. Pero además, hasta hoy, cuando escribimos este artículo
(noviembre de 2015), ni una gota de agua del cielo ha caído sobre las
tierras wayuu y, por supuesto, tampoco en las cabeceras del río que
siempre nos ha dado la vida: el Wasaalee; por lo que, luego de
cinco años de sequía los rebaños de ovejos, cabras y vacas de los wayuu
se han diezmado, pero tampoco han podido sembrar nada de nada.
Por
nuestra parte, en una cínica medida de supuesta protección ambientalista
de especies como el camarón y la cangreja azul del Lago de Maracaibo,
el gobierno “revolucionario” a través del Ministerio del Ambiente,
sometió a los añuu a la captura restringida de esas especies durante
cortísimos periodos, casi días contados, en una veda estimada en más de
cinco años; es decir, se les despoja de la posibilidad de realizarse
económicamente en su autonomía en su propio territorio; por tanto, se
les deja a la deriva y se les empuja hacia el camino del contrabando o
comercio ilícito de gasolina que, dicho sea de paso, se trata de un
negocio que sólo manejan las muy altas esferas de jefes militares del
“Distrito Militar N° 1 y, por supuesto, del gobernador del Estado Zulia.
Hoy día,
el gobierno ahora de Maduro, no sólo se mantiene en la lógica del
crecimiento económico a partir de la economía extractivista
minero-petrolera, sino que ante el fin de la bacanal de ingresos y su
dilapidación, se siente obligado a profundizar la política extractivista
no sólo para obtener ingresos que sustenten la caída, sino porque
además, está obligado a cumplir con los pagos de deuda externa,
especialmente, la suscrita con China, por lo que les asigna concesiones
de ampliación de las minas de carbón en la región del Guasare y río
Socuy. Para ello, el presidente Maduro emitió el decreto 1650 con el que
se daba vía libre al desarrollo de los Proyectos Caño Seco y
Socuy-Cachirí con los que se espera pasar de 8 millones de toneladas
métricas de carbón a unas 35 millones de toneladas métricas en los
próximos 5 años.
Justo es
decir, que ante los señalamientos de ambientalistas y organizaciones
ecologistas afectas al gobierno, Maduro decidió reformar el Decreto, no
porque esté dispuesto a cambiar la lógica extractivista, sino apresurado
por un contexto electoral que le es, a todas luces, adverso. Así, a
pesar que el Decreto 1650 se encuentra momentáneamente paralizado en su
ejecución, para el gobierno no hay otro camino para obtener ingresos en
dólares, que la maximización de la explotación de minas no petroleras
(carbón, bauxita, coltán, etc.) ubicadas en la Sierra de Perijá,
territorio de los pueblos indígenas wayuu, añuu, yukpa y barí. Para
lograr su despropósito, actúa mediante el uso sistemático de la fuerza
militar represiva y criminal, mezclada con el desarrollo de políticas
públicas con las que coopta ambientalistas, ecologistas y otros agentes
y, sobre todo, divide a las comunidades para su sometimiento y
definitivo despojo. He allí, pues, el camino asumido por los de arriba
(de derecha o de “izquierda”) sustentados en una Geometría del poder
que ha hecho posible que una supuesta “revolución” “socialista” y
bolivariana, haya logrado lo que ni el imperio español, ni la república
de los criollos había logrado en más de 500 años: despojar a los wayuu
de su territorio y colocar a los añuu al filo del abismo de su extinción
cultural definitiva.
El camino de los de abajo.
De
acuerdo al panorama anteriormente descrito, aparentemente, el futuro se
cierne terrible para todos los pueblos indígenas, campesinos y demás
culturas locales en Venezuela, pues, por más de una década, la mayoría
de los de abajo apostó su vida a lo que se les planteó como un cambio
definitivo en el rumbo por el que se conducía a nuestro país; pero sobre
todo, como camino seguro hacia una vida buena; digna de ser vivida por
ser autónoma y propiciar la autonomía y, por ser verdaderamente
democrática. Fue sobre la base de estos principios o propuestas que
todos apostaron por ella; especialmente, porque ya en Febrero de 1989,
fueron los de abajo los que entregaron sus vidas en una revuelta que con
un número de muertos jamás establecido claramente, logró
momentáneamente detener los planes neoliberales generados por el
Consenso de Washington para todo el continente.
No
obstante, los de abajo se atrevieron a aumentar la apuesta cuando,
además de nosotros, países como Bolivia, Ecuador, Brasil y Argentina
parecieron decidir tomar lo que creímos era nuestro camino y que, de
acuerdo a lo que decían o pronosticaban muchos de los intelectuales del
llamado “pensamiento crítico latinoamericano”, parecíamos estar todos
enrumbados hacia el logro de esa vieja aspiración de una Nuestramérica que se nos mostraba como alcanzable o finalmente realizable aquí y ahora.
Pero
además, si para el momento en que Chávez recibe la presidencia de
Venezuela en 1999 el petróleo se cotizaba en unos 8 dólares el barril,
con una deuda externa de unos 28 mil millones de dólares pero con unas
reservas internacionales estimadas en unos 35 mil millones de dólares;
ya en 2000 y los años subsiguientes hasta 2012, el precio del petróleo
llegó a promediar; por lo menos, unos 100 dólares el barril, aunque
algunos años de este mismo periodo alcanzó hasta los 140 dólares por
barril; en todo caso, en su momento y por más de una década, el
presidente Chávez no sólo contó con el respaldo total de la mayoría de
la población en Venezuela y con el control de todas las instituciones
del Estado; además, en un contexto latinoamericano mayoritariamente
conformado por los llamados “gobiernos de izquierda” o “progresistas”,
y, por si fuera poco, con unos ingresos en dólares realmente
descomunales producto de la explosión hacia arriba de los precios del
petróleo∗, ¿cómo explicar nuestra crisis económica actual?, ¿cómo
explicar el hecho de que el gobierno tenga que cambiar barriles de
petróleo por frijoles o café nicaragüense, pollos del Brasil; carne de
Bolivia; maíz de Guatemala y hasta arroz de Trinidad y Guyana?
Pero,
cuidado, la misma situación podríamos señalarla para Brasil, economía
mostrada como ejemplo de un “gobierno progresista” que de acuerdo a
todos los pensadores y analistas de izquierda y derecha nos mostraban
como “el milagro económico, ejemplo para toda América Latina”, y a su
presidente Lula, como el gestor del “milagro” del “hambre cero” que, al
parecer, se ha convertido en franquicia utilizada hasta por Peña Nieto.
Hoy día, Brasil se muestra como un globo que se desinfla, como una
economía en recesión, con una alarmante tasa de desempleo y una
elevadísima inflación; amén de los escándalos de corrupción por los que
líderes del PT y presidentes de empresas se encuentran presos o
sometidos a juicio. Pero, ante la crisis, la fórmula es hacer pagar a
los de abajo mediante impuestos todo lo que el gobierno de Lula, Dilma y
sus más íntimos dilapidaron o corruptamente se repartieron. Semejante
situación parece vivir el Ecuador de Correa (cuya economía se sustenta,
igualmente, en el extractivismo), y la Argentina de los Kichner (con su
economía “extractivista” de la soja).
Nosotros
creemos que, en verdad, ninguno de los llamados gobiernos de “izquierda”
o “progresistas”, desde el “milagro brasilero” hasta la “revolución
bolivariana de Chávez”, jamás se propusieron iniciar un otro camino sino
que, convencidos de que no hay otro o porque tal como dice el Sup.,
confunden Estado; gobierno y administración, se creyeron eso de que sólo
se trata de administrar, controlar y distribuir los ingresos obtenidos
mediante la explotación de la naturaleza. Dicho de otra manera, y
otorgándoles el beneficio de la duda, digamos que se creyeron el mito de
que la libertad, la dignidad y la democracia se basa en la obtención de
unos ingresos vía exportación de materias primas y comoditis; y
mediante políticas públicas controladas administrativa y políticamente,
drenar recursos a sectores populares y medios con el fin de mantener el
control del poder; pero sin provocar ningún cambio en la producción, ni
en las relaciones sociales de producción, y, mucho menos, en la
distribución internacional del trabajo.
En este
sentido, tal vez, el único balance crítico con el que hasta ahora
contamos acerca de los llamados gobiernos “progresistas” o de
“izquierda” en América Latina fue el realizado por Santiago García
Álvarez y otros profesores de la Universidad Central del Ecuador acerca
del gobierno de Rafael Correa; no tenemos conocimiento de un balance
similar para los gobiernos de Lula y Dilma en Brasil, los Kirchner en
Argentina, la Bolivia de Evo Morales y, podemos certificar, no existe
para la Venezuela de Chávez y el dúo Maduro-Cabello; en todo caso, los
autores del Balance Crítico al gobierno de Rafael Correa concluyen
diciendo que:
La
presente investigación ha podido demostrar que la matriz productiva en
el período de Correa no muestra señales de transformación, sino más bien
una profundización de las actividades extractivas. El patrón de
reproducción del capital primario exportador se mantiene, sin vulnerar
las relaciones sociales típicas del capitalismo: la explotación laboral y
la promoción de ciertos grupos económicos. (García Álvarez y otros;
2014: 126).
Tal
conclusión nos parece inalterable si quisiéramos referirnos a Brasil,
Argentina, Bolivia y Nicaragua. Para el caso venezolano creemos que debe
agregarse, además, la conversión del aparato del Estado en instrumento
de dominio del narcotráfico y sus aparatos paramilitares, exactamente
igual que el Estado mexicano dirigido por Peña Nieto.
Pero, en
todo caso, luego de más de una década de transitar por el camino del
“progresismo” de los gobiernos de “izquierda” que el llamado
“pensamiento crítico latinoamericano” justificó como el camino de
nuestra dignidad y que, además, en todos los casos resultó siempre luego
de la lucha y el sacrificio de la vida de muchos de los de abajo
en cada uno de sus países; en verdad, nunca se planteó rehacer el mundo
desde abajo, sino en dar continuidad al mundo impuesto por los de
arriba sin llegar a pensar que, muy a pesar de que ellos llegaran a
ocupar posiciones de arriba en cada uno de nuestros países, jamás
llegarían a entrar en el pequeño espacio de los verdaderamente de arriba
que gobiernan al mundo, es decir, para los verdaderamente de arriba
ellos seguían siendo de los de abajo, aunque, de cierto, tampoco ya
pertenecían a nosotros los verdaderamente de abajo.
Hoy,
herman@s, sabemos que se acerca una tormenta y que además, parece
definitiva. Hemos probado y comprobado que el camino de las llamadas
“políticas públicas” hartamente defendidas por los gobiernos de
“izquierda” o del “progresismo” y sustentadas por el llamado
“pensamiento crítico latinoamericano” no sólo sirven al propósito de los de arriba de dividir a los de abajo
sino que les imposibilita poder erigirse, autónomamente, desde un
rumbo propio, es decir, lo que antiguamente los añuu denominábamos como
nuestro wakuwaipawa (nuestro hacer camino por nosotros o para nosotros),
palabra que ya nadie en nuestra comunidad recuerda, pues, ella estaba
vinculada a nuestra capacidad de poder pescar, capturar yaguasas,
recolectar jabas, cazar babillas, construir nuestras casas; en fin,
generar nuestro alimento y nuestra vivienda sobre las aguas en el
ejercicio de nuestra propia territorialidad en el control político,
económico y cultural de nuestro territorio.
Pero, de todo ello hemos sido despojados por los de arriba
de la derecha y también por los de la izquierda; quienes, desde la
misma colonialidad, sólo nos han dejado el camino de la desaparición
definitiva. Tal desaparición, extinción o etnocidio, ha sido traducida
siempre como “nuestro libre ejercicio del derecho al voto”, o, más recientemente, como “nuestra conversión en población urbanísticamente acuática”, o más patrióticamente, “como nuestra integración intercultural en el contexto de una sola raza bolivariana”;
en fin, en todo caso, se trata de que dejamos de existir como nosotros,
esto es, como añuu, como gente del agua, pues, sencillamente ya no hay
agua, los de arriba se encargaron de destruirla al exiliar a juyakai y a joutei, nuestros ancestrales padres; de envenenar nuestros ríos (eimakan)
los maridos de la tierra; en fin, de desaparecer no sólo los elementos
que materialmente nos dieron milenariamente la vida, sino que
simbólicamente nos conformaban como un solo y único espíritu,
indivisible y eterno.
Tal vez a
estas alturas y en medio de nuestro desmadre, los añuu no tengamos
oportunidad de regresar a nuestro corazón; no lo sabemos. Sin embargo,
los muy pocos que quedamos en conciencia de ese, nuestro corazón
perdido, estamos obligados a dar nuestra última batalla para lograr la
recuperación de nuestro corazón para nuestros descendientes. De seguro,
otros pueblos están hoy en mejores condiciones de lograr esa vuelta al
corazón que, sabemos, es el único camino posible para reconstruir el
nosotros de todos los que en Abya yala hemos vivido, sobrevivido y
r-existido una y otra vez y, por ello, de seguro, como el caimán,
tendrán la fuerza para regresar con su dura piel y firme corazón a la
lucha.
Pero, en todo caso, de lo que sí estamos convencidos es que nuestro camino, el de los de abajo,
nada tiene que ver con el control del poder del Estado y/o su gobierno;
mucho menos, con la administración de los recursos provenientes de la
explotación de nuestra madre tierra,♠ pues, sabemos, todo ello responde a
una lógica establecida por el dominio y pensamiento colonial como
“único” o “natural” camino a ser obligadamente a ser aceptado y
transitado por todos.
Así, la
rebelión que proponemos comienza por la necesidad de recuperar nuestro
propio corazón, lo que no es otra cosa que recobrar nuestro sentipensar
con la tierra. Esto supone, desechar cualquier ilusión de riqueza
basada en la explotación de los hasta ahora llamados “recursos
naturales” y entender que, de lo que se trata, es que cada pueblo o
comunidad pueda ser capaz de generar su sustento material y ordenar sus
vidas en una relación de respeto con su espacio territorial.
Pero además, rescatar nuestro sentipensar
con la tierra supone la necesidad de construir una alianza desde abajo
por los de abajo, esto es: indígenas, campesinos, comunidades negras,
culturas locales, pobres de las ciudades, en fin, de todos aquellos y
aquellas ajenos al poder de los Estados-gobiernos, su política y su
economía. Con ello no nos referimos a la construcción de una única
organización con aspiraciones de poder, sino a la necesidad de un
permanente intercambio de experiencias organizativas autónomas en la
construcción de cada una de las autonomías.
¿Cómo
lograr esto? La verdad, no sabríamos cómo responder a esta pregunta,
pues, certeramente no lo sabemos. Pero, lo que sí sabemos es que solos
no podemos; por lo menos, nosotros: añuu, wayuu, barí y yukpas de la
cuenca del Lago de Maracaibo, no podemos. Sabemos que la restitución de
nuestras economías propias ya no depende sólo de nosotros, sino de una
necesaria alianza con los campesinos pobres de nuestra región y del
país; pero también de otros grupos locales y también de los pobres de
las ciudades quienes, a fin de cuentas, tienen su sentipensar originario sembrado en los campos de todos nuestros países.
Sabemos que recuperar nuestro corazón o nuestro sentipensar
con la tierra no es, en modo alguno, una pieza de un solo acto; por el
contrario, estamos seguros de que ello implica un proceso de sanación de
todas las heridas que la colonialidad del poder y, sobre todo, del
saber, ha provocado en nuestro espíritu; por ello, le estamos apostando a
la formación de nuestros más pequeños hijos e hijas, nuestros
hermanitos menores, con quienes hemos iniciado la
enseñanza/re-aprendizaje del horizonte ético creado por nuestros
anteriores como la mano que nos hace ser lo que somos: miembros de la
comunidad humana emparejada con las otras comunidades de seres que en el
mundo están presentes a través de un hacer que es siempre
complementario y compartido; es decir, sabemos que nuestro horizonte
está en nuestro pasado.
Finalmente,
sabemos que a la par de enseñar/aprender estamos obligados a actuar;
sobre todo, porque terriblemente igual sabemos que el tiempo se acorta,
pues, la tormenta ya está cerca. No sabemos si contaremos con el tiempo
suficiente como para levantar el espíritu de todos; no sabemos si aún
nuestros hermanos logren escuchar la voz de los ancestros, pues, muchas
son las voces que “pagadas” o no, se hacen oír y suenan fuerte, y si no
logran acallarnos por lo menos logran confundir.
Pero
sabemos que así es la lucha, porque ciertamente toda lucha verdadera
nunca es fácil de librar; por ello, estamos convencidos de que no hay
otro camino para los de abajo, sino dar esa batalla, aliados y
emparejados, autónomamente dispuestos a construir una nuestra casa
aparte.
Bibliografía
BORÓN, Atilio: América Latina en la geopolítica del Imperialismo. Ministerio del Poder Popular para la Cultura. Caracas, 2013.
ESCOBAR, Arturo: Sentipensar con la tierra. Nuevas lecturas sobre desarrollo, territorio y diferencia. Ediciones Unaula. Colección Pensamiento vivo. Colombia, 2014.
GARCÍA ALVAREZ, Santiago y otros: Balance crítico del gobierno de Rafael Correa. Universidad Central del Ecuador. Quito, 2014.
LENKERSDORF, Carlos: Cosmovisiones. Conceptos.
Universidad Nacional Autónoma de México. Centro de Investigaciones
Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades. Coordinación de
Humanidades. México, 1998.
MASSEY, Doreen: Hacia una nueva geometría del poder. Ediciones de “El perro y la rana”. Caracas, 2008.
MONTHLY REVIEW: The Pentagon and Climate Change. Vol. 56- Nº 1. May 2004.
PORTO-GONÇALVES, Carlos Walter: Territorialidades y lucha por el territorio en América Latina. Geografía de los movimientos sociales en América Latina.
Unidad de estudios de Culturas Indígenas. Universidad del Zulia.
Ediciones del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas
(IVIC). Caracas, 2009.
José Quintero Weir jqarostomba@gmail.com @jgarostomba
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