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27 jun 2017

La semilla guardiana del territorio

Foto: Colombia Informativa.Foto: Colombia Informativa.
En el marco del cubrimiento especial de Colombia Informa en el Tercer Congreso Zonal de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca, presentamos un fotorreportaje sobre los niños y niñas de la Guardia Indígena
- Un guardia Nasa delineó el camino desde la Tulpa (un kiosko de palos de bambú donde se teje la palabra y los mayores dan sus consejos alrededor del fuego) hasta el auditorio general, levantando sus bastones al cielo para formar una ruta de honor que inquietó a muchos de los asistentes del Congreso: Eran los más pequeños de la comunidad, niños y niñas que venían desde el parque central en una fila llena de risas y saltos. Era la infancia vestida del futuro de la guardia indígena.
Guiados por un hombre, los niños que encabezaban la fila cargaban la bandera Nasa que ondeaba por los juegos y la energía de los pequeños, esa que los viejos miran con melancolía. Al ritmo del himno de la guardia indígena, los niños se formaron en filas en el auditorio general rodeados por los mayores.
Foto: Colombia Informativa.
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En un acto simbólico, los mayores entregaron las pañoletas con el color de la bandera, como símbolo del futuro, pues son ellos quienes habrán de reemplazarlos en el cuidado de la vida y el territorio.
Foto: Colombia Informativa.
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Esto significó también “un llamado a la juventud dispersa, a no perder el rumbo, a corresponder con amor a su sangre, sus raíces, a sus tradiciones con tantos años de lucha. Un llamado a fortalecer la identidad, a no distraerse con las sombras de un sistema que se alimenta de la individualidad y el egoísmo”.
Foto: Colombia Informativa.
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Los niños con vos propia pidieron a las autoridades “que no nos dejen solos, necesitamos su apoyo en los caminos venideros, pues somos semilla guardiana de este gran territorio”.
Foto: Colombia Informativa.
Foto: Colombia Informativa.
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Fuente: Colombia Informa: http://www.colombiainforma.info/en-imagenes-especial-la-semilla-guardiana-del-territorio/

11 sept 2016

La educación propia y autónoma en el Cauca: hacia una pedagogía libertaria

* El sábado  13 de agosto de 2016 se celebró el foro “Repensar los movimientos magisteriales en Latinoamérica: de la resistencia hacia un proyecto educativo comunitario” en la Sede Norte de la Asociación Distrital de Educadores en Bogotá, todo ello dentro del marco del 1er Encuentro en Latinoamérica por la Autonomía y la Libertad. Confluimos el Colectivo Los Comunes y TJER (Colombia), Revolución Internacional y el Centro Cultural “Ricardo Flores Magón” (México), coincidiendo desde un tinte autonomista, para explicar en lo que conscierne a lo transdisciplinario, la historia de las reformas educativas, los movimientos magisteriales y los sistemas de pensamiento que han formado –pa’ atrás o pa’ adelante- las estructuras socio-políticas de ambos países.
Estos temas no fueron todo lo que salió del cajón de contenidos que colocamos en la mesa para el debate y la crítica, orientamos –para eso son los encuentros- nuestras experiencias y teorías en la formación de proyectos educativos comunitarios. El presente texto corresponde a la ponencia “Movimiento indígena en el Cauca y la educación propia” del Colectivo Los Comunes, agrupación libertaria de lingüistas, educadores y trabajadores que desde hace ya 6 años se han dedicado a forjar un proyecto educativo que se oriente hacia una pedagogía libertaria en distintas comunidades del pueblo nasa en Tierradentro, Cauca. Este dato es una ‘meseta’ que suma como binomio congruencia y esfuerzo, entre el pensamiento libertario y su inherente praxis.
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Colectivo Los Comunes
La historia la  lucha de los movimientos indígenas en Colombia está llena de aciertos y errores, de logros y derrotas,  pero sobre todo de un inmenso trabajo y sacrificio por parte de la base social y de algunos líderes que han asumido con gran dedicación esta labor. Este movimiento reconoce sus orígenes desde épocas remotas; la Conquista y la Colonia española significaron 300 años de resistencia frente al poder de la Corona y sus representantes; la llegada de la República se tradujo en la continuación de esta confrontación, pero con un aparente cambio de contrincante, ya no era el Rey sino el Presidente. Esta nuevo orden político-territorial, llamado en un inicio La Gran Colombia,  no cambió en modo alguno la desfavorable situación de los pueblos indígenas, al contrario, las políticas públicas de tierras (como la Ley 61 de 1848 sobre adjudicación de baldíos a cultivadores, entre otras) y la política agrarias incrementaron los modos y medios de explotación del campo en Colombia, así como la concentración de la tierra y la llegada de colonos campesinos cada vez más cerca de los territorios indígenas [1].
La creación del CRIC -Consejo Regional Indígena del Cauca- en 1971 fue la materialización de una lucha social y política por la reivindicación de  derechos fundamentales que, como pueblos aborígenes colombianos, se vieron en la necesidad de reclamar. Unidad, Tierra, Cultura y Autonomía [2]  son los cuatro principios que se impulsan desde la plataforma del CRIC: Unidad dentro de los pueblos indígenas para alcanzar los objetivos comunes; Tierra como la expresión física de territorio; Cultura como todo el  acervo de conocimientos y cosmovisiones; y Autonomía para legislar sobre sus pueblos y territorios [3].
La Educación Indígena Propia –en adelante EIP [4]– pertenece al ámbito cultural y es la propuesta de formación para niños y jóvenes que se adoptó desde el movimiento indígena (Decreto 1142 de 1978) La EIP tiene el objetivo de recuperar y de proteger los ámbitos culturales, territoriales y autonómicos de los pueblos indígenas, así como la construcción e implementación de una educación que relacione los conocimientos propios de los pueblos nativos con los conocimientos universales, es decir una educación intercultural [5].
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En las zonas de población indígena, que por lo general son rurales, históricamente la educación ha estado en manos de la Iglesia Católica lo que ha llevado a que en muchos casos se imparta un modelo educativo sin contenidos ni contemplaciones con las características étnicas de los estudiantes indígenas. Es en este tipo de contextos multiétnicos,  en veredas y alejados resguardos, así como  en pueblos este tipo de contextos en veredas y alejados resguardos ouna edeoctr terratenientes que vieron en este movimiento s en pueblos centrales y territorios estratégicos donde nace la propuesta de la EIP que es contrapuesta a la Educación estatal impartida desde el MEN y desde la Iglesia católica, una educación que reproduce las dinámicas de la colonia, que desconoce los usos y las costumbres, que reprime el uso de su lengua madre y que introduce un sentir nacional que se aleja bastante de la filiación que genera la sociedad, la comunidad, la familia.
Pero no siendo suficiente la serie de infortunios que ha sufrido el pueblo indígena en Colombia, en materia educativa, la propuesta estatal para la formación educativa de la población está encaminada a la producción de personas capaces de responder a las dinámicas del mercado y con un énfasis en la formación de mano de obra barata y eficiente para la demanda del empresariado extranjero y nacional; el ideal de una masa desinteresada de los problemas de la realidad social y más interesada las búsqueda de su sustento diario. Este tipo de educación está reglamentada por el Ministerio de Educación Nacional y se implementa en cada institución educativa bajo la figura del Proyecto Educativo Institucional (PEI), este modelo es una camisa de fuerza muy fuerte y que, en pocas ocasiones, cambia de color y tamaño, es decir: mínimos cambios en el modelo pedagógico, en la estructura curricular, en el contenido y en los horarios.
Contrario al PEI, las comunidades y los procesos de resistencia social en Colombia han planteado una alternativa de educación que vaya en consonancia con sus planes y proyectos de vida y con los proyectos que la comunidad quiera desarrollar para lograr el buen vivir, y lo han planeado a través del Proyecto Educativo Comunitario (PEC). Este modelo de educación, que ha sido aceptado por el estado colombiano, por medio de la presión y la protesta social, se encuentra en construcción, experimentación e implementación en diferentes tipos de comunidades étnicas y campesinas a lo largo del territorio nacional, siendo el departamento del Cauca el epicentro del proceso.
Han sido muchos los escenarios de lucha y muchas las mingas educativas en diversos territorios del Cauca, donde Totoróes, Misak, Nasas, Embéras y Yanaconas han dado hasta la vida por hacer valer el derecho a una educación propia. Vale la pena rescatar el caso del Resguardo Indígena Nasa de San Andrés de Pisimbalá en Tierradentro, donde, en abril del 2010, ocurrieron diversos hechos de violencia entre pequeños poseedores de tierra (campesinos) e indígenas nasa por el modelo de enseñanza del colegio de bachillerato: una disputa aún vigente y que ha resultado en la muerte de un joven estudiante, varias personas heridas a machete y diferentes líderes involucrados en procesos judiciales [6].
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Sin embargo, pese a los diferentes inconvenientes, la lucha que ha emprendido el pueblo nasa desde sus inicios ha girado en torno al concepto de autonomía, y el proceso de educación propia, desde la propuesta PEC, ha resultado ser un motivo de unidad y de trabajo por parte de las bases sociales y las organizaciones regionales del Consejo Regional Indígena del Cauca.
A nivel comunitario, el PEC es consensuado entre los miembros de la comunidad en los escenarios pertinentes, pero, sobre todo, en la asamblea: último ente decisorio. El PEC obedece a un punto estratégico en el plan de vida de los pueblos indígenas caucanos y es el de conservar la cultura enseñando lo que pertenece a la cultura, formando a sus educadores para evitar que sea el foráneo el que imparta su punto de vista sobre el mundo y creando dinámicas pedagógicas que obedezcan al estilo de vida de los mismos pueblos, sin interferencia de otros, pero sin dejar de lado el encuentro con las diversas culturas del mundo: es conocerse a sí mismo como pueblo, para no desvanecerse en el encuentro con el otro. Por esta razón, la comunidad hace parte importante en la construcción del modelo pedagógico y aporta ideas sobre las estructuras y contenido de la maya curricular de la institución educativa, existiendo tantos PEC´s como comunidades organizadas en el territorio caucano.  Entendiendo que las propuestas que se esbozan en los documentos PEC´s no están del todo acabadas y que son susceptibles al cambio, el PEC es un proceso dinámico que se adapta a los cambios y las nuevas perspectivas del pueblo y de la práctica pedagógica.
La propuesta académica del PEC es, en cierta medida, el PEBI y la enseñanza de las lenguas aborígenes en la escuela, la formación de docentes capaces de enseñar las diversas áreas del saber en la lengua materna y de transmitir la cultura en ese proceso. El Proyecto Educativo Bilingüe e Intercultural ha sido uno de los factores de desarrollo en el pensamiento y en la construcción de material simbólico en las comunidades indígenas del país, sobre todo en el Cauca. La propuesta tiene tanta complejidad y disciplina por parte de las comunidades, que ha dado paso a la creación de la Universidad Autónoma Indígena e intercultural (UAIIN), cuya sede principal queda en Popayán. El interés de esta apuesta comunitaria es el formar a los educadores, provenientes de las mismas comunidades, y que se van a hacer cargo de la implementación de los PEC´s en las diferentes instituciones escolares, en consonancia con los planes de vida y con el respeto debido a los procesos comunales e institucionales.
Los PEC´s y el PEBI son una contribución a la preservación de la cultura y la identidad indígena, contribuye a la investigación sobre el entorno físico y social y es uno de los pilares de la resistencia popular; su implementación es uno de los procesos en marcha de las comunidades indígenas a lo largo y ancho del territorio. Experiencias valiosas dentro de la implementación de la educación propia existen en diferentes lugares del territorio caucano, entre ellas caso del profesor Gentil Guejia en Tierradentro, cuyo proyecto educativo está encaminado al retorno a las prácticas, usos y costumbres de sus antepasados, reemplazando en salón de clases por el aula abierta, el calendario gregoriano por los ciclos lunares, los grados de escolarización por la apropiación de su entorno, la tarea por el trabajo comunitario, la lengua española por el Nasa Yuwe, las religión y la moral occidental por la cosmovisión, la calidad académica por el respeto y la armonía con la naturaleza, por su madre sagrada, por Uma Kiwe: nombre el proyecto escolar alternativo del resguardo de San Andrés de Pisimbalá [7].
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En el año 2007 el MEN  crea la Comisión Nacional de Trabajo y Concertación para los Pueblos Indígenas –CONTCEPI-  la cual se encarga de  organizar y definir las bases del SEIP para luego socializarlos con las comunidades para su aprobación [8]. Esta comisión está compuesta por siete representantes de las organizaciones indígenas de carácter nacional.  Para viabilizar este asunto tan importante para el establecimiento de una educación indígena el Gobierno delegó una “comisión temática” compuesta por el MEN, MIJ, DNP, representantes de las federaciones regionales, con la supervisión de la defensoría del pueblo y de la Contraloría General de la Nación [9]. El SEIP obtiene sus recursos del gobierno colombiano por medio del Sistema General de participaciones.
El SEIP es definido por las legislación indígena (ibíd.) como un ‘proceso’ cuyo objetivo es garantizar una educación integral hecha para las necesidades de los pueblos indígenas y se estructura en cuatro ejes: el político-organizativo, el pedagógico el administrativo y de gestión.  Este sistema educativo contempla la formación desde la primera infancia, primaria y secundaria, y tiene como objetivo formar al estudiante indígena para que llegué a la formación universitaria.  Además, el SEIP busca la unificación de la educación indígena bajo una única estructura, pero que se aplique en cada comunidad según sus problemas y características específicas.
Pero no todo es color rosa en el proceso de educación propia, pues la financiación ha sido un motivo de disputa entre el estado colombiano y las comunidades, incluso, al interior de la organización diferentes líderes se han caracterizado por defender a ultranza la manipulación de los recursos y el protagonismo en la consolidación del proceso educativo: son diversos los líderes que hacen de los recursos públicos sus pertenencias y su tesoro. Las transferencias de recursos para el proceso educativo es una camisa de fuerza que impide desligarse de ciertos requisitos fundamentales para la maquinaria estatal, tales como, la tasa técnica, la intensidad horaria, ciertos contenidos curriculares, entre otros. Teniendo en cuenta ese aspecto, surgen preguntas tales como, ¿Qué pasa con la autogestión y con la autonomía? Las transferencias y la rendición de cuentas, limitan el desarrollo de la autonomía, convierten a los pueblos en contendores por migajas y burocratizan de los recursos y los procesos: esa es la estrategia estatal, la de dividir y poner a pelear a los luchadores populares y a sus bases sociales.

[1] En su ensayo titulado El café en Colombia a principios del siglo XX Absalón Machado recalca el carácter bimodal de la política Agraria en Colombia : el latifundio y la economía campesina.
[2] El principio de Autonomía fue aportado por la ONIC (Organización Nacional Indígena de Colombia) en los años 80 (Archila y Gonzále: 2010: p. 17)
[3] Estos principios no son únicos del CRIC. Desde otras organizaciones indígenas las luchas han tenido los mismo objetivos aquí vistos. Veánse  i.e la ONIC, AICO , OPIAC, entre otras.
[4] Legislación Indígena, Art. 39. CRIC. 2014
[5] Ibíd., p. 323.
[6] Estos hechos de violencia no son más que la expresión de las contradicciones de cualquier administración estatal no-voluntaria, generando separatismos entre campesinos e indígenas, que a diferencia de otros pueblos originarios en donde coinciden ambos grupos, los fenómenos políticos en Colombia han desvinculado las territorialidades y aspectos culturales comunes entre ellos.Habría que añadir que no sólo fueron los acontecimientos del 21 de abril de 2010, sino distintas disputas violentas el 28 de mayo y 7 de julio, dejando aproximadamente 20 personas heridas, 5 amenazadas por los actores del mismo conflicto y 2 familias desplazadas.  La mass-media  denominó a todo ello como una batalla campal entre dos territorios hermanos. (Nación, 12 de Marzo de 2011. En línea en: http://www.semana.com/nacion/articulo/guerra-escuela/236683-3-).  (Nota de R.I.)
[7] Recomendamos ampliamente el siguiente documental para conocer más a fondo este proyecto pedagógico: Escuela Kiwe’ Uma’ de San Andrés de Pisimbalá, Semillero de Investigación Pedagógico Kiwe’ Uma’. En línea en: https://youtu.be/a5Q8wXrAuSo (Nota de R.I.)
[8] “Perfil del Sistema Indígena Educativo Propio”, CONTCEPI,  p. 7, 2013.
Publicado el 19 de Agosto de 2016 en:

3 ene 2016

Colombia: El despojo como origen del conflicto por la tierra en el Cauca


Por Pedro Augusto Garcia Leal
- La situación actual de los pueblos indígenas del Cauca, quienes se han visto obligados a vivir en las tierras altas de baja productividad, tiene origen en el despojo histórico realizado por la clase terrateniente.
Pese a que la práctica del despojo contra los pueblos indígenas ha sido constante desde la colonia, es posible distinguir en este largo proceso tres momentos centrales. El despojo de tierras en el periodo colonial para el establecimiento de haciendas desde el siglo XVII, cuando cesan los grandes esfuerzos bélicos de las comunidades indígenas del Cauca y sur del Tolima por expulsar al invasor español, el último de ellos registrado para 1656 (1)
La expansión terrateniente de finales del siglo XIX hasta entrado el siglo XX, para entonces familias latifundistas del Cauca como los Mosquera, los Zambrano, los Valencia y los Arboleda, detentaron títulos de propiedad sobre terrenos ancestrales de los pueblos indígenas, pese a que la ley 89 de 1890 garantizó el carácter no enajenable de las tierras de los resguardos. El mecanismo para el logro de estas propiedades fue la ilegalidad y la violencia (2).
Por último, para la mitad del siglo XX, se combinaron distintos factores que desembocaron en un nuevo momento de usurpación de tierras indígenas. Por un lado la violencia de los años 50 permitió el aumento de la propiedad terrateniente del Norte del Cauca. En los años 60 las políticas de modernización agraria y el aumento internacional de la demanda de azúcar colombiano, generado por el bloqueo a la comercialización de la producción cubana a raíz de la revolución de 1959, permitió el aumento y la consolidación de los cultivos de caña en el Norte del Cauca, lo que implicó un nuevo ciclo de expropiación de tierras indígenas (3).
La historia que explica la manera como las tierras bajas del Cauca se encuentran hoy bajo títulos de propiedad de grandes terratenientes e ingenios, da clara cuenta de la ilegitimidad del origen de estas propiedades, sustentadas en la violencia como mecanismo que permitió la concentración de la tierra y la acumulación necesaria para la posterior reproducción del capital. En contra, la lucha de las comunidades indígenas no es por la apropiación privada de estos territorios, el movimiento busca que las tierras entren a formar parte de los territorios colectivos de los resguardos.
La manera como las comunidades indígenas Nasa asumen la propiedad de la tierra señala un proceso histórico de construcción de identidades colectivas que los distingue del movimiento campesino. Si bien ambos movimientos luchan por la tierra en contra de los monopolios latifundistas, sin embargo el movimiento campesino busca la titulación en parcelas privadas, mientras que la pertenencia cultural del movimiento indígena, como pertenencia a una comunidad de origen ancestral, con lengua, cosmovisión, formas de gobierno e historia propia, hace que se acentúen las tendencias a la colectivización y la vida comunitaria. De allí que los indígenas que lucharon contra el terraje en los años 70, se negaron a aceptar los planes presentados por el hoy liquidado Instituto Colombiano para la Reforma Agraria INCORA, en donde se quiso establecer la entrega de tierras bajo la creación de cooperativas o empresas de producción campesinas, sin integrar estas tierras a los resguardos (4). Su resistencia a los planes del INCORA señala que las demandas indígenas no se limitaban sólo a la entrega de tierras, sino que la memoria indígena operaba en la forma de reconstrucción de los resguardos.
La propiedad de la tierra es la base de la dominación sobre el trabajo indígena. Cuando en mayo de 1851 se terminó oficialmente con la esclavitud, la libertad para las comunidades afro e indígenas fue sólo de papel. Los terratenientes del Cauca se negaron a perder la fuerza de trabajo indígena, por lo que se estableció el terraje como forma de explotación servil, en donde las comunidades se vieron obligadas a pagar con trabajo el derecho a vivir y cultivar en sus propias tierras despojadas por las haciendas. El trabajo tributario que los indígenas tenían que darle al hacendado consistía normalmente en largas jornadas de más tres semanas al mes, mientras que el tiempo restante podían dedicarlo a labrar una pequeña parcela dedicada al autoconsumo. Por su parte las mujeres debían prestar servicios como servidumbre en la casa de la hacienda.
Dado que el terraje, como la desarticulación de los resguardos, encontraron su origen en el problema de acumulación de la tierra a través del despojo, los dos primeros puntos de la plataforma de lucha del CRIC en febrero 24 de 1971, y que aún hoy continúan vigentes, son recuperar las tierras de los resguardos y ampliar los resguardos, pues sólo de este modo las comunidades indígenas podrán dar cumplimiento al mandato espiritual de proteger y preservar la madre tierra, como garantizar la seguridad alimentaria de las generaciones venideras.
La figura del terraje dominó las haciendas del Cauca desde la segunda mitad del siglo XIX hasta el inicio de las luchas de los años 70 del siglo XX, articuladas alrededor del CRIC. El no al terraje constituye el punto 4 de su plataforma de lucha.

La situación actual de concentración de la tierra

La reacción de los gremios vinculados a la gran producción agraria, después de iniciado el proceso de liberación en Corinto, en diciembre de 2014, no se hizo esperar, Isabella Victoria, directora ejecutiva de la Sociedad de Agricultores y Ganaderos del Cauca SAG, afirmó que los indígenas han recibido cerca de 721.000 hectáreas. “Eso es -según sus palabras- una cuarta parte del Cauca” (6) . La SAG, que aglutina al exclusivo grupo de grandes propietarios de la tierra en el departamento, se opone a cualquier nueva ampliación de los resguardos en las zonas bajas porque, según ellos, los indígenas tienen demasiada tierra. Lo que coincide con la posición tomada por el alcalde de Corinto, quien lleva acabo una agresiva campaña para que mestizos y afros rechacen el resguardo indígena.
Pero las verdades a medias son otra forma de mentir. Es cierto que los resguardos de las diferentes comunidades indígenas que habitan el Cauca, entre ellos las comunidades Nasa, Mizak, Eperara, Ambaló, Guanaca, Inga, Kokonuvo, Kokonuco, Polindara, Totoró y Yanacona, alcanzan las 721.000 hectáreas, sin embargo de estas tierras 252.000 hectáreas pertenecen a reservas forestales, 75.000 hectáreas son paramos no explotables, mientras que 25.000 hectáreas son tierras improductivas. De las tierras que pertenecen a los resguardos solo 91.000 hectáreas son aptas para cultivos (7), de manera que la distribución de tierras cultivables entre las comunidades indígenas sólo llega a 0,37 hectáreas por persona (8), lo que constituye una difícil situación para la seguridad alimentaria de estas comunidades.
El informe del 2009 realizado por el IGAC registró, del 2000 al 2009, una tendencia marcada a la concentración de la tierra en pocos propietarios. El 85.4% de los propietarios del Cauca sólo poseen el 26,03% de la tierra, en pequeñas extensiones de micro y minifundio, mientras que el 7,8% de propietarios posee el 60,22% de la tierra, de ellos el 0,52% de propietarios domina el 15,63% de la tierra (9). Ahora, gran parte de la tierra del Cauca está clasificada de baja y muy baja fertilidad, solo el 3% de la tierra está clasificada como de alta fertilidad, 25% fertilidades bajas y 32% muy bajas, de allí que la presión que ejercen los terratenientes cañeros y la multinacional Smurfit Kappa Cartón de Colombia por la posesión de las tierras de mayor fertilidad, ha devenido en un nuevo proceso de expulsión de las comunidades indígenas, afro y campesinas, confinadas en las tierras altas no productivas. Así, en municipios como Cajibío, Sotará y Timbío, en donde las comunidades mantenían cultivos transitorios de café, caña panelera y sorgo, poco a poco la gran industria de la caña los ha desplazado a las laderas de las cordilleras (10).
La lucha de las comunidades indígenas Nasa por la liberación de la tierra involucra reivindicaciones ancestrales que hacen parte de una autentica cultura de la resistencia, con una historicidad y una cosmovisión propia que no puede ser confundida con los procesos de lucha campesina. Sin embargo, dadas las dinámicas del conflicto actual por la tierra, los procesos de liberación pueden ser interpretados como un conflicto de raíz étnica que se entrecruza con conflictos de clase por la tierra. Su lucha tiene por destino salir del confinamiento de las tierras altas, bajar a las zonas de mayor productividad, vencer el monopolio de la industria cañera y recuperar los territorios ancestrales para garantizar la seguridad alimentaria de las generaciones venideras. Y es allí, en la lucha contra la expansión terrateniente, en donde se encuentran las posibilidades de articulación entre los movimientos indígena, campesino y afrodecendiente del Cauca, proceso que se ha venido entretejiendo desde los años 70 y que, con la articulación de las comunidades afro descendientes y el movimiento indígena en la liberación de Lopez Adentro en 1984, como con la acción conjunta de indígenas y campesinos por la liberación de la hacienda la Emperatriz en el municipio de Caloto, iniciado desde el 2005, se trata de un complejo proceso de articulación regional que aun continua su marcha.
Notas
(1) Bonilla Víctor Daniel. Historia política del pueblo Nasa. Ed ACIN. 2014.pg18.
(2) Uribe Vasco Luis Guillermo. Quintín Lame. Resistencia y Liberación. Ed Tabula Rasa. Bogotá – Colombia, N° 9 julio-diciembre 2008. Pg. 373.
(3) Peñaranda Daniel Ricardo. La organización como expresión de resistencia. En Nuestra vida es nuestra lucha. Centro de Memoria Histórica. Ed Taurus. 2012. pg21.
(4) Findji María Teresa. Movimiento indígena y recuperación de la historia. Buenos Aires, Alianza Editorial/FLACSO, 1991.pg131.
(5) Las tierras que tienen alta la tensión en el Cauca. 12 de marzo del 2015. El Tiempo.
(6) Mondragón Héctor. Cómo encadenaron a la madre tierra y a la gente. Una historia del norte del Cauca. Grupo Semillas, Revista 34/35, 2008.
(7) Análisis de la posesión territorial y situaciones de tensión interétnica e intercultural en el departamento del Cauca. Universidad Javeriana. Diciembre 2013.
(8) Mondragón Héctor. Cómo encadenaron a la madre tierra y a la gente. Una historia del norte del Cauca. Grupo Semillas, Revista 34/35, 2008.
(9) Atlas de la Distribución de la Propiedad Rural en Colombia. IGAC 2009.
(10) Análisis de la posesión territorial y situaciones de tensión interétnica e intercultural en el departamento del Cauca. Universidad Javeriana. Diciembre, 2013.
—- Fuente: Portal Rebelión: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=207389

21 ene 2015

Colombia: Testimonio personal sobre el drama del pueblo Nasa

Misión humanitaria de la Defensoría del Pueblos verifica desastre ambiental en el Putumayo
Hemos recibido el testimonio de Oscar Pisso Pisso, hermano indígena del pueblo Nasa, en la cuenca del Putumayo, en el que se relata la angustiosa situación que se vive en el Putumayo a causa de las empresas petroleras. Agradecemos su envío a Armando Valbuena Goauriyu:
Por Oscar Pisso Pisso
19 de enero, 2015.- El deterioro ambiental es fuerte por las políticas económicas del gobierno nacional, ya que ha concesionado al capital transnacional minero-energético zonas de estricta conservación y los territorios indígenas.
Es el caso de la zona del bloque San Juan del municipio de Orito Putumayo, territorio de los indígenas Awa, Inga y Nasa, zona estrátegica, ya que es un corredor biológico y cordillera oriental alta productora de agua pura, lo último que queda en el pie de monte amazónico. Pero se lo concesionaron a la compañía petrolera Gran Tierra y esta a su vez inicia el proyecto de estudios sísmicos en esta zona donde se hizo una consulta previa con unas comunidades Awa y una comunidad Inga, protocolizando acuerdos.
La comunidad Nasa que no fue consultada se opone a este proyecto ya que se violó este derecho. En protección de la Madre Tierra y los derechos colectivos, la vida y el agua, el pueblo Nasa, comunidades del bloque San Juan y unas comunidades Awa, nos movemos en protesta contra la empresa petrolera. Y esto ha generado desequilibrios, desarmonía entre los pueblos indígenas ya que nos hemos visto agredidos por nuestros mismos hermanos indígenas Awa y campesinos del sector. En este momento el pueblo Awa está dividido.
Del pueblo Nasa una comunidad se divide de la organización KWE’SX KSXA’W. De igual forma hay mucha tensión en la convivencia nuestra. Las comunidades Awa que defienden a la empresa como las que están en contra; de esta misma forma con los Nasa. Esto es lo que hacen las empresas en el Putumayo: dividir y romper los tejidos sociales, extraen todo lo que encuentren y luego se van sin responsabilidad de nada.
De esa misma forma ocurre en el corredor Puerto Vega-Teteyé con la ampliacion de la licencia ambiental 0555 de 2014 expedida por la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) permitiendo la perforación de 100 pozos petroleros mas fuera de los 32 ya existentes, violando la consulta previa de 4 comunidades Nasa, 1 Inga, 1 Awa y comunidades campesinas asentadas en esa zona.
La desterritorialidad alentada por parte de las empresas es cada día más fuerte por que se hace con la complacencia del gobierno nacional, departamental, municipal y Corpoamazonia como entidad encargada de proteger el tema ambiental. Por este motivo la titulación de resguardos, ampliación, saneamiento de los mismos no avanzan los procesos. Y de remate las fumigaciones, acabando con lo que queda. Pero sí aumenta el pie de fuerza MILITAR, la judicialización, los señalamientos, las amenazas, la estigmatización de líderes de las organizaciones que reclamamos nuestros derechos.

9 nov 2014

Frente al asesinato de dos Guardias Indígenas Nasa del Cauca por parte de las FARC


Quiero minar la tierra parte a parte
A dentelladas secas y calientes
Y desamordazarte y regresarte…

Siento más tu muerte que mi vida
Miguel Hernández
Uma Kiwe, la Madre Tierra, llora. Ahora mismo llora. Llora el C´xab Wala Kiwe (Territorio del Gran Pueblo), llora de rabia y tristeza el Pueblo Nasa, las hijas y los hijos del Cauca. Lloramos también y también sentimos rabia, mucha rabia. Manuel Antonio Tumiñá Jembuel  de 42 años y Daniel Coicue Julicue de 63 años, Guardias Indígenas, héroes sin fama ni gloria, sin vanidad ni arrogancia, hermanitos y compañeros anónimos y comunitarios, unos de nosotras y nosotros cuando somos lo que debemos ser en dignidad,  fueron asesinados por las FARC. Asesinados a sangre fría, con disparos de fusil a corta distancia, a medio día, en la vereda (aldea) Sesteadero, del territorio ancestral y sagrado del resguardo de Toribío en el Cauca del Pueblo Nasa.  Nunca olvidaremos, NUNCA!! La imagen del cuerpo de nuestro compañero muerto, envuelto en los colores del CRIC, acompañado de su bastón y con su sangre nuestra bañando la tierra que defendió con dignidad y a la que ha regresado como hijo ejemplar prematura e injustamente. No olvidaremos nunca. Así como no olvidamos ahora mismo el llanto de Uma Kiwe, Wallmapu, Pacha Mama, Abya Yala por sus hijas e hijos asesinados y desaparecidos. Somos vida. Por eso nos mienten, nos despojan y nos matan.


Las negociaciones de La Habana entre el Gobierno Colombiano y las FARC entran en su fase final. Se aborda el tema de las víctimas. Viajan delegaciones de estas a reunirse con representantes de los dos bandos. Por primera vez en su historia, las FARC reconocen públicamente a las víctimas de sus acciones y cara a cara piden perdón a algunas de ellas y a sus familiares.


En este contexto, ordenan ocupar el territorio indígena del Cauca con propaganda armada como si fuera su tierra y como si las comunidades tuvieran que someterse y obedecerlos en la tierra que es suya y que han defendido siempre y frente a todo invasor. La ocupación incluye vallas publicitarias enormes con la imagen de su comandante Guillermo Cano en el aniversario de su muerte.

Las comunidades y la Guardia Indígena con sus bastones de mando y su autoridad sin armas, les exigen respeto, les ordenan retirar la propaganda y salir. No obedecen. La Guardia y las comunidades quitan, están quitando, van a seguir quitando la propaganda y rechazando con la frente en alto y la consciencia de pie el abuso. Si no lo hicieran dejarían de ser Nasa, hijos de la tierra. La guerrilla asesina con disparos de fusil y a sangre fría a dos Guardias Indígenas en Toribío. El entierro convoca un dolor y una rabia que quedan captados en las imágenes de los medios. Se sabe que las FARC se aprovechan del proceso de negociación con el Gobierno para apropiarse y someter territorios como parte del botín de la negociación que no toca el modelo de despojo. Se sabe que eso exige la defensa territorial pacífica y lleva el fusilamiento cobarde de los Guardias. Se sabe que el dolor y la rabia del Pueblo Nasa y el juicio a los autores materiales y a la comandancia de las FARC que diera la orden de abusar el territorio, someter al pueblo y asesinar son la palabra que debe caminarse.


Siguiendo el libreto conocido, como siempre, tras la masacre, ahora, aparecen amenazas. No se sabe de donde vienen aunque aparezcan firmadas por las FARC. Aparece,  aparentemente firmada por las FARC una carta de amenaza a 26 líderes y comuneros Nasa. Empezarán a ejecutarlos de inmediato. Venga de donde venga la carta, sirve ya al propósito estratégico de los enemigos del proceso de La Habana. Vengan de donde vengan las acciones de terror y muerte, la sangre vertida es la de los pueblos dignos, la de los defensores de la vida. La de los que no se venden, no se cansan, no se dejan engañar por regalos, cargos, discursos y dinero.

A la vista queda una vez más que ni las FARC ni el Gobierno defienden o representan a los pueblos. Unos y otros, junto con quienes les obedecen, se sirven del terror, de la guerra, de los anhelos de Paz, de los discursos de perdón, del reconocimiento a las víctimas, de los acuerdos, para servir sus intereses contra los de los pueblos. Unos y otros asesinan indígenas. En la lógica de participar del reparto de recursos y territorios que lleguen con la firma de los acuerdos, se abandonan luchas, se compran y venden consciencias y se saca ventaja de muertos y de movilizaciones para entrar en el negocio del “post-conflicto” y de los pactos con el conquistador que tiene distintas máscaras, maquillajes, discursos y uniformes para robar y mandar.

Esta guerra contra los pueblos por un botín (Colombia con sus pueblos y gentes) que hoy ha llevado a las FARC a disparar contra Guardias Indígenas y a asesinarlos, solamente sirve a los despojadores, a la codicia del Capital y a quienes le sirven en todos los ámbitos. La arrogancia asesina de las FARC ha desmentido con este acto de barbarie atroz su discurso de perdón y paz y ha puesto en evidencia que tanto las armas como los discursos son medios para satisfacer intereses egoístas y arrogantes. La guerra y el terror son el Capital y son la Conquista enemiga de los pueblos; venga de donde venga. Esto sólo puede beneficiar al régimen y a las derechas enemigas de la paz y de los pueblos.

La paz es de los pueblos y contra el despojo o es guerra al servicio del Capital y del poder.

Si algo les queda de vergüenza y consciencia, las FARC deben ordenar –de inmediato- retirar toda la propaganda de territorios indígenas. Deben entregar a los responsables de este crimen atroz a las autoridades indígenas y no solamente a quienes dispararon sino a quienes ordenaron invadir e insultar el territorio Nasa y a este pueblo, para que sean juzgados y condenados según corresponda para restaurar el equilibrio y la armonía destrozados y sangrantes. Los actores armados deben salir del C´xab Wala Kiwe.

Los acuerdos que pongan fin al conflicto armado deben firmarse pronto, sin poner como condición la repartición de Colombia entre victimarios y ladrones, vengan de donde vengan y digan lo que digan.

En el Resguardo de Toez, en el mismo territorio Nasa, en las vísperas del entierro de Manuel Antonio y Daniel es asesinado otro Guardia Indígena: el compañero Daniel Pacho.

Nadie le devolverá al pueblo Nasa los Guardias asesinados, los héroes de la dignidad, los maestros de vida capaces y dispuestos a darlo todo por la tierra y por su pueblo.

 

Abrazamos y acompañamos a la Guardia Indígena del Cauca: Nuestra Guardia Indígena. A sus familiares, amigos y comunidades. En esta guerra contra los pueblos ustedes van adelante dando ejemplo de una lucha desde la tierra contra quienes, vengan de donde vengan, quieran aprovecharse de nuestras causas para robarnos y someternos. Ustedes son el camino de la palabra digna. Queremos y debemos ser como ustedes y con ustedes. Su paz en libertad, es la única paz para todas y todos.  Manuel Antonio Tumiñá Jembuel y Daniel Coicue Julicue y Daniel Pacho, hoy sembrados de vuelta en la Tierra Madre a la que defendieron, frente a ustedes, frente al asesinato que segó sus vidas, en el día de su retorno como semillas, acá les decimos que con su ejemplo nos exigen la dignidad de tener que caminar todas y todos, la palabra y la acción en el espíritu de los pueblos: Ser Guardias Indígenas.