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18 jul 2007

De los pueblos indígenas de Venezuela। Para las Comunidades Zapatistas Autónomas en Rebeldía de Chiapas, Comisión Sexta y La Otra Campaña


Carta de Hermanamiento en la lucha y otros documentos para aclarar lo que en Venezuela vivimos y por lo que luchamos:
El Camino de las Comunidades

Entregado en manos del Delegado Zero
Sub Comandante Insurgente Marcos

La “revolución bolivariana” y la lucha de los pueblos indígenas de Venezuela.

Hermanas y hermanos del Comité Clandestino Revolucionario Indígena.
Comandancia del EZLN
Comisión Sexta y de La Otra Campaña.
Harmano Sub Comandante Insurgente Marcos
En sus manos.

Tzeltalkan, Tojolabalkan, Cholkan, Wayuukan, añunkan, jürüko añún we, inga anii aye wanükü pürria
Weinü, amana we, ta’tüchakan we, aka werajirai wakuaipawa.

Tzeltales, tojolabales, choles, wayuu, añú, todos somos humanos, por eso he aquí nuestra palabra para ustedes,
Hermanos, hermanas, abuelitos, en la defensa de lo que somos.

No hay duda que el levantamiento zapatista del 1º de enero de 1994 y el posterior desarrollo de la lucha por la autonomía de las comunidades en rebeldía de Chiapas, no sólo ha representado para todos los pueblos indígenas del continente una contundente referencia de la persistencia del espíritu de rebeldía y resistencia de nuestros pueblos, sino sobre todo, la insurgencia en el tablero de la lucha política continental de los más inesperados por considerarlos como inexistentes, los desaparecidos de un pasado lejano, los ya muertos, insignificantes por ser muy minorías, atrasados, prehistóricos, y cualquier otro apelativo despectivo con que a lo largo de la historia colonial y neocolonial se nos ha vaciado de nuestra propia historia.
Ciertamente, la férrea demostración que a lo largo de todos estos años de lucha las comunidades autónomas zapatistas en rebeldía han sostenido en contra de los más poderosos enemigos, forma parte de la larga lucha de resistencia que todos los pueblos indígenas del continente han mantenido por más de 500 años; sin embargo, por primera vez, esta resistencia ha sido asumida con la resuelta decisión de ser y ejercer, de una vez y para siempre, la autonomía y libertad sin pedir permiso. Tal es la más grande enseñanza zapatista a todos los pueblos indígenas del mundo.
Así lo hemos entendido y, por ello, hemos atendido al llamado de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona y de la Otra Campaña, pues, muy a pesar de que en nuestro país las fuerzas que actualmente ocupan el poder del Estado-gobierno de Venezuela se autoproclaman como “socialistas”, “revolucionarias” y “anti-imperialistas”, nuestra lucha por la sobrevivencia de nuestras comunidades y culturas es hoy por hoy, nuestra más grande urgencia.
Decimos esto, pues, por encima de los discursos anti-Bush y supuestamente anti-neoliberales de nuestro Presidente Hugo Chávez, es un hecho que los planes de desarrollo económico de la llamada “revolución bolivariana” están basados y representan la puesta en marcha de los más grandes e importantes proyectos y programas de las transnacionales de la globalización, de sus representantes entes financieros (FMI y BM) y del Estado norteamericano en nuestro país.
Por solo mencionar un ejemplo, lo que para los pueblos indígenas y campesinos de México representa el Plan Puebla-Panamá en cuanto al despojo de sus tierras, la liquidación de sus economías de subsistencia y pérdida de recursos bioenergéticos, para nosotros está siendo expresado a través de los llamados Ejes de Desarrollo vinculados al gran programa imperial denominado “Infraestructuras de Integración de la Región de Sur América” (IIRSA), y que de manera “desconcertante” ( para usar la palabra utilizada por el Sup Marcos en sus últimas declaraciones), constituye el eje central de la política económica de la “revolución bolivariana” del Presidente Chávez.
A simple vista de los más poderosos medios de comunicación internacional, así como de legendarios intelectuales críticos del continente y del mundo, pareciera que una gran conmoción está ocurriendo en nuestro país y por lo que, los primeros gritan en nombre de la libertad del capital y los segundos, saltan al ruedo a defender fervorosamente al Estado-gobierno, atraídos por el “desconcertante” discurso del Presidente Chávez, pues, entienden que en Venezuela está ocurriendo algo parecido a la rebeldía del pueblo cubano en 1960.
De tal manera que, en estos últimos 9 años de gobierno de la “revolución bolivariana” el mundo pareciera estar presenciando la lucha entre un gobierno “socialista” y “revolucionario” en contra de los antiguos detentadores del poder que se resisten a perder sus espacios.
Lo anterior, que no deja de ser cierto, tampoco puede ser considerado como la “total” y “real verdad” de lo que ocurre actualmente en Venezuela. Podríamos decir más bien que, en los últimos 9 años lo que ha venido ocurriendo en Venezuela es la sustitución en el poder de aquellos que durante 40 años disfrutaron y abusaron del pueblo mediante su poder del Estado-gobierno, por unos nuevos elementos que, una vez ingresados en la “mansión del poder” han dado continuidad a las políticas globalizadoras y neoliberales que la antigua casta ya había establecido como rumbo y destino del pueblo venezolano. Lo que es como decir que durante la última década, en Venezuela no ha ocurrido otra cosa que lo que un autor mexicano llama: el debate entre unos liberal- capitalistas ortodoxos e individualistas resistiendo a ser desplazados del poder por unos liberal-capitalistas ‘comunitarios’, pero que en fin de cuentas, se trata de una batalla al interior del propio pensamiento liberal-capitalista y nunca, tal como se pretende hacer ver, de una confrontación entre visiones irreconciliables del mundo y de la vida del mundo.
En este sentido, hermanas y hermanos zapatistas, es por lo que podemos perfectamente entender la falsa confusión que el permanente y “macabro” doble discurso del actual Estado-gobierno venezolano y del presidente Chávez provoca en todos aquellos que, honestamente, luchan por la transformación de nuestras sociedades en todo el continente. Pues, por sólo mencionar el más reciente ejemplo: el día 1º de mayo pasado el Presidente Chávez anunciaba en acto refrendado públicamente como la “revolucionaria” reconquista de los yacimientos petroleros de la cuenca del río Orinoco al oriente del país y en el que, refiriéndose a la lucha que nuestras comunidades indígenas de El Socuy-Cachirí en la Sierra de Perijá al occidente de Venezuela los pueblos wayuu, yukpa, añú y barí, han venido librando en defensa de sus últimos territorios y en contra de la explotación de las minas de carbón ya otorgadas en concesión a transnacionales mineras por anteriores gobiernos pero, ratificadas y ampliadas por el actual gobierno “revolucionario” y “bolivariano”, el Presidente Chávez dijo entre otras cosas que: “ Hasta que no me demuestren que se puede extraer el carbón sin dañar la naturaleza esas minas quedan como reservas, pues, entre el bosque y las minas de carbón, me quedo con los bosques”.
Ciertamente, estas declaraciones llenaron de júbilo a las comunidades indígenas de la zona en cuestión, pues nada menos que el propio Presidente de la República anunciaba la paralización de las exploraciones mineras en tierras indígenas; sin embargo, no pasaron muchos días cuando la empresa del Estado-gobierno (CORPOZULIA) y las transnacionales concesionarias iniciaron una agresiva campaña no sólo en la continuidad de las tareas exploratorias, sino que con el apoyo de la principal industria del Estado (Petróleos de Venezuela, PDVSA), y las Fuerzas Armadas Nacionales, se han dado a la tarea de buscar dividir a las comunidades mediante el desarrollo de programas populistas y asistencialistas que incluyen regalos como: Bolsas de Comida, Televisores, Refrigeradores y, como en la zona no hay luz eléctrica los electrodomésticos van acompañados de plantas de electricidad a base de gasolina y, finalmente, dinero en efectivo para los dirigentes de las comunidades; eso sí, para optar a estos regalos, los que pretendan recibirlos han de firmar un acta en la que dan su respaldo a que el Estado-gobierno de la “revolución bolivariana” pueda iniciar la explotaciones de las minas carboníferas y por tanto, autorizar el desplazamiento de las comunidades indígenas de sus territorios ancestrales y tradicionales.
Sumado a lo anterior, hay que dejar asentado que la tal “recuperación nacional” de los yacimientos del Orinoco no se trató sino del acto por el cual se refrendaba la constitución de las llamadas empresas mixtas, por medio de las cuales las transnacionales petroleras, incluyendo la Chevron-Texaco (conocida por las vinculaciones de propiedad que en la misma posee la familia Bush), pasaron de ser concesionarias contratadas por el Estado venezolano, a co-propietarias de nuestra principal industria nacional con hasta un 40% de acciones en la misma. Dicho de otra manera, mientras el gobierno social-demócrata de Carlos Andrés Pérez en 1973 nacionalizaba “chucutamente” la industria petrolera nacional mediante un decreto que sólo permitía la acción de las transnacionales mediante contratos de servicio, hoy, la “revolución socialista y bolivariana”, les entrega el 40% de propiedad de nuestra principal industria.
No hay duda pues, que este macabro doble discurso ha de resultar desconcertante, aún para los más avisados, ya que hay que estar en nuestro cotidiano pellejo para poder entender de qué se trata todo esto que vivimos, sufrimos, pero combatimos día a día en nuestras comunidades y en nuestro país.
A nuestros dirigentes el Estado-gobierno no se cansa de acusarles de ser “agentes de la CIA() o de pertenecer a supuestas “mafias verdes” que disfrazadas de defensores del agua y de la biodiversidad “se prestan para hacerle el juego a la derecha golpista y contrarrevolucionaria”; sin embargo, es un hecho que son los representantes del Estado-gobierno chavista los que han pactado con transnacionales imperialistas la entrega de territorios indígenas en todo el país para la explotación de recursos mineros, carboníferos, gasíferos y petroleros en contra de la voluntad y decisión de las comunidades indígenas de Venezuela.
No queremos agobiarlos hermanas y hermanos con todo lo que podría decirse acerca de nuestra singular realidad; en todo caso, esta misiva lo que pretende es poder establecer con las comunidades indígenas zapatistas, autónomas y en rebeldía de Chiapas, de México y de todo el continente, los lazos de unión en la lucha, pues, tal como el Comandante Tacho en alguna de las declaraciones del EZLN ha dicho: ¡Este es nuestro tiempo!, es el tiempo de las comunidades por siempre obviadas, ocultadas, desaparecidas, vilipendiadas, sometidas, excluidas; es tiempo que nos unamos, que sumemos nuestras luchas en una gran fuerza continental que impulse lo que los añú del lago de Maracaibo llaman: Wakuaipawa (nuestro hacer que nos hace); los wayuu llaman: Wakuaipa (nuestra tradición, nuestro saber de nosotros), y los barí llaman: Chiyi barikaeg (nuestra comunidad); en fin, se trata y este es el objetivo de esta comunicación, de que queremos hermanarnos en la lucha con la lucha zapatista, pero también, que los hermanos zapatistas puedan sin temor hermanarse con la lucha de nosotros por encima de lo “desconcertante” que el discurso de la llamada “revolución bolivariana” pudiera resultarles al leer u observar las declaraciones de aquellos que insisten en hablar por nosotros. Hermanémonos hermanos.
Esperando estar presentes en el encuentro de julio en Chiapas, les abrazamos,

Organización Wayuu del Socuy-Cachirí Maikiralasa’lii
Sociedad Homo et Natura

Personalidades que respaldan:

Lusbi Portillo
Francisco Prada Barazarte
Ángela González
Laura Pérez Carmona
Jorge Montiel
Enrique Contreras Ramírez
Antonio Palmar
Alcedo Mora
José Diego Fuenmayor
Antonio Avendaño
Kelys Amundarai
Enrique Márquez
Ángel Oroño
Julio Fandiño
Christian Guerrero
Francisco Elías Prada Pérez
José Quintero Weir
Esteban Mejias

 *Héctor Díaz-Polanco (2006), Elogio de la diversidad, Siglo XXI-UNAM, México.
() El compañero profesor de la Universidad del Zulia Lusbi Portillo, director de la ONG ecologista “Homo et Natura” y quien por más de 20 años ha sido el gran propulsor de la lucha por la defensa de la Sierra de Perijá,

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