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5 ene 2017

Indígenas de Australia le hacen frente a proyecto de megaminería

Murrawah Johnson, de 21 años, es portavoz del Consejo de Familia del pueblo Wangan y Jagalingou, además de una de las que se opone al proyecto de megaminería en el estado de Queensland, en Australia. Crédito: Cortesía de Murrawah Johnson.Murrawah Johnson, de 21 años, es portavoz del Consejo de Familia del pueblo Wangan y Jagalingou, además de una de las que se opone al proyecto de megaminería en el estado de Queensland, en Australia. Crédito: Cortesía de Murrawah Johnson.
Por Stephen de Tarczynski
IPS.- En la lucha contra el proyecto de extracción de carbón que impulsa una compañía india en el estado australiano de Queensland, se destaca el papel de Murrawah Johnson, de 21 años, del pueblo indígena wangan y jagalingou, propietario original del terreno donde estaría la mina Carmichael.
“Nuestro pueblo es el único originario de este país”, puntualizó la joven Murrawah, cuyo nombre significa arcoíris en lengua gubbi gubbi. “Eso somos, es nuestra identidad, nuestra cultura, nuestras canciones y nuestras danzas”, apuntó en diálogo con IPS.
El pueblo wangan y jagalingou, con unos 500 integrantes, considera a la mina Carmichael como una amenaza a su propia existencia, y ha rechazado en reiteradas oportunidades los avances de la compañía Adani Mining.
Las 79 millones de toneladas de emisiones contaminantes que liberará al año la mina son tres veces más que las de Nueva Delhi, seis veces más que las de Ámsterdam y el doble de las de Tokio. Además, superaría a las emisiones anuales de Sri Lanka y sería similar a las de Austria y Malasia.
Los dueños tradicionales arguyen que la mina destruiría sus tierras, “lo que quiere decir que destruirá nuestra historia, y también a nosotros como pueblo y nuestra identidad”, observó Murrawah, portavoz del Consejo de Familia de su comunidad
Adani Mining es una subsidiaria del Grupo Adani, la multinacional india con operaciones en India, Indonesia y Australia, que opera en distintos sectores, desde recursos naturales, pasando por proyectos de logística, energía y agronegocios hasta el inmobiliario. En marzo, la compañía anunció su primera incursión en defensa.
El proyecto Carmichael se extiende por 40 kilómetros, contaría con una mina de 10 kilómetros de ancho y seis fosos abiertos, además de cinco operaciones subterráneas, durante seis años.
La compañía apuesta a transportar el carbón a India para cubrir sus necesidades eléctricas. Según la Agencia Internacional de Energía, 244 millones de personas, 19 por ciento de los más 1.200 millones de habitantes, carecen de electricidad en ese país.
De concretarse, sería el mayor proyecto de extracción de carbón en Australia, que ya es un gran productor y exportador del mineral. Además, este país estaría entre los más grandes del mundo con una producción de unas 60 millones de toneladas de carbón térmico al año, en el máximo de su capacidad.
Pero en el marco de la mayor conciencia sobre los efectos del recalentamiento global, la mina Carmichael generó una importante oposición. Desde el anuncio del proyecto, en 2010, hubo más de 10 apelaciones y procesos judiciales contra la iniciativa.
La activista Shani Tager, de Greenpeace Australia, no tienen dudas de que el carbón que quiere extraer Adani debe permanecer bajo tierra.
La centrales de generación eléctrica a carbón emiten grandes cantidades de dióxido de carbono, uno de los gases que más contribuyen a recalentar la atmósfera, los que generan el fenómeno del cambio climático, agravado por las actividades humanas.
El Instituto de Australia concluyó en un informe en 2015, que el proyecto de Adani liberaría más dióxido de carbono a la atmósfera que muchas grandes ciudades del mundo, y hasta que algunos países.
El documento estima que las 79 millones de toneladas de emisiones contaminantes que liberará al año la mina son tres veces más que las de Nueva Delhi, seis veces más que las de Ámsterdam y el doble de las de Tokio. Además, superaría a las emisiones anuales de Sri Lanka y sería similar a las de Austria y Malasia.
Sin embargo, tanto el gobierno estadual de Queensland como el de Australia están a favor de la mina Carmichael. Además, se corrió el rumor de que el gobierno central apoyaría el proyecto con un préstamo de 722 millones de dólares estadounidenses.
Además, el gobierno de Queensland, que prevé un alza en el empleo, la mejora de la economía y de los ingresos a sus propias arcas por las regalías, anunció en octubre que otorgaría al proyecto el estatus de “infraestructura fundamental” para acelerar su aprobación.
“El gobierno se toma en serio el inicio de las operaciones de la mina de Adani. Queremos que se concrete”, declaró entonces el ministro de Minas, Anthony Lynham.
A principios de diciembre, Adani recibió lo que el gobierno estadual calificó de “gran aprobación definitiva”: a la vía férrea de la compañía hacia el puerto de Abbot Point, desde donde el carbón partirá hacia India.
En 2011, Adani suscribió un arrendamiento por 99 años con la terminal de carbón de Abbot Point, ubicada al lado del parque marino de la Gran Barrera de Coral, que es el mayor ecosistema de coral del mundo y está entre los más diversos y ricos de la Tierra.
En noviembre, científicos de la Universidad James Cook, de Queensland, confirmaron la peor pérdida de corales en ese arrecife tras una masiva decoloración sufrida a principios de este año. El estrés por el calor, derivado de las altas temperaturas, es la principal causa, y se pronostica que el fenómeno del blanqueamiento de corales se volverá más frecuente y más severo con el recalentamiento planetario.
Adani tiene previsto ampliar la terminal de Abbot Point para embarcar grandes cantidades de carbón, lo que implica dragar el lecho marino pegado a la Gran Barrera de Coral.
“La mina de carbón Carmichael tendrá un efecto dominó de impactos negativos sobre el arrecife, desde instalar la necesidad de ampliar el puerto y realizar más dragados y vertidos hasta aumentar el riesgo de accidentes” en el arrecife, precisó Cherry Muddle, de la Sociedad Australiana de Conservación Marina.
En el sector turístico, que genera unos 65.000 empleos, numerosos operadores también se quejaron en los últimos tiempos de la mina y de las obras de ampliación del puerto.
Las garantías ofrecidas por el ministro Lynham de que las “200 condiciones rigurosas impuestas en los procesos jurídicos” protegerán el arrecife, no convencen a sus detractores.
“Adani tiene antecedentes realmente preocupantes en materia de destrucción ambiental, violaciones de derechos humanos, corrupción y evasión fiscal”, detalló Adam Black, de GetUp, un movimiento activo en varios asuntos sociales.
Entre las acusaciones presentadas contra las operaciones de Adani en India, detalladas en un informe de 2015 de Environmental Justice Australia, figura la destrucción de manglares, la falta de previsión de la intrusión de agua salada en las reservas subterráneas, las exportaciones de mineral de hierro ilegales y soborno, el uso de relaciones políticas para comprar tierras más baratas y la obtención de deducciones impositivas ilegales.
Además, el gerente general de Adani en Australia, Jeyakumar Janakaraj, estuvo a cargo de una mina de cobre en Zambia, propiedad de Konkola Copper Mines (KCM) cuando en 2010 vertió contaminantes peligrosos al río Kafue. La compañía fue hallada culpable y debió pagar el equivalente a unos 2.900 dólares estadounidenses.
Unos 1.800 ciudadanos zambianos demandaron a KCM y a la sociedad matriz, Vedanta Resources, en un alto tribunal de Londres, acusándolas de haberles causado problemas de salud y de haber destruido sus tierras cultivables durante 10 años a partir de 2004; Janakaraj trabajó en KCM de 2008 a 2013.
En la actualidad, que Adani se prepara para poner la piedra fundamental a su proyecto a mediados de 2017, los detractores se preparan para continuar con su hasta ahora exitosa campaña para disuadir a los posibles capitalistas de que aporten entre 11.500 y 15.800 dólares estadounidenses.
“Si no consiguen el dinero, no podrán construir la mina”, subrayó Murrawah Johnson.
El pueblo wangan y jagalingou creó hace poco lo que llamó una “línea legal de defensa” contra Adani y el gobierno de Queensland, que incluye la presentación de cuatro demandas, además de sus planes de llevar el asunto hasta el Tribunal Supremo, de ser necesario.
Para Murrawah, esta lucha se trata de mantener relación con el pasado y con el futuro. “Me niego a ser el eslabón roto de esa cadena”, sentenció.
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Traducido por Verónica Firme
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Fuente: Inter Press Service: http://www.ipsnoticias.net/2016/12/indigenas-de-australia-le-hacen-frente-a-proyecto-de-megamineria/
Importante: Esta nota ha sido reproducida previo acuerdo con la agencia de noticias IPS. En este sentido está prohibida su reproducción salvo acuerdo directo con la agencia IPS. Para este efecto dirigirse a: ventas@ipslatam.net

10 ene 2016

Supuesto “progreso” acarrea suicidios y daños a la salud de poblaciones indígenas

braz-gua-jr-47_screenFoto: João Ripper/Survival
– Informe “El progreso puede matar” muestra al pueblo guaraní kaiowá como el más afectado por suicidios en el mundo.
Servindi.- Un reporte publicado por la organización Survival International reveló que los mecanismos usados por los gobiernos para incentivar al progreso y desarrollo a las comunidades indígenas en el mundo no están funcionando adecuadamente.
Un ejemplo es la elevada tasa de suicidios mostrada en el estudio “El progreso puede matar”, que pone en un preocupante primer lugar al pueblo nativo Guaraní Kaiowá, que habita el sur de Brasil.
El texto refiere que dicha etnia presenta un índice de suicidios 34 veces más en relación al promedio nacional en Brasil; y es estadísticamente el más alto a nivel mundial.
El documento también menciona que existen otros grupos de aborígenes afectados por este trastorno en Australia y en Alaska, al norte de Estados Unidos.
Según Survival, estos escenarios se deben al “inevitable resultado del histórico y continuo robo de sus tierras y del ‘desarrollo’ al que son forzados a seguir”.

Trastornos

Por otro lado, el informe menciona el crecimiento de otros problemas relacionados con la salud como son el alcoholismo, la obesidad, la depresión y la desnutrición.
Por ejemplo, se menciona el crecimiento de infecciones por VIH/Sida en Papúa Occidental, en Oceanía, ya que desde el año 2000 no se presentaba ningún caso, hasta que en el 2015 se contabilizaron más de 10 mil personas contagiadas.
La tasa de mortalidad infantil entre aborígenes de Australia resulta ser el doble que en la sociedad de ese país en general.
El problema de la desnutrición es evidente entre los niños guaraníes de Brasil, quienes se ven obligados a vivir en las carreteras mientras que los nativos americanos aquejan de sobrepeso y obesidad ya que no tienen una opción diferente que no sea la denominada comida chatarra.

Críticas

Las estadísticas mostradas por Survival concluyeron que las consecuencias de forzar a las sociedades tribales a alcanzar un supuesto “progreso” y “desarrollo” son que los indígenas se alejen cada vez más de sus alimentos sostenibles y se acerquen a la pobreza y marginación.
Para ilustrar el penoso escenario, el colectivo internacional recogió las declaraciones de Roy Sesana, indígena bosquimano de Bostwana que en 2002 fue despojado de su territorio, quien cuestionó el modelo de desarrollo que sostiene se le impuso.
“¿Qué tipo de desarrollo es este que hace llevar a las personas vidas más cortas que antes?”, se pregunta Sesana.
Explica así que cada vez son más las personas en las comunidades las portan el VIH, de otro lado en las escuelas los niños son golpeados y por eso ya no quieren ir. Otros -sostiene- comienzan a prostituirse y se vuelven adictos al alcohol.
Ahora en las comunidades “están empezando a suicidarse. Nunca vimos esto antes, ¿esto es desarrollo?”, sentenció.

17 may 2015

Vivir como los indígenas, de la selva a las montañas

Este cazador pertenece a la comunidad waorani, pueblo amazónico que vive en el este de Ecuador. Crédito: Cortesía, Nicolas Villaume, Land is Life
Por Stephen Leahy
IPS.- La historia registra cómo varias decenas de miles de pueblos han sobrevivido y se han desarrollado por cientos, y hasta miles, de años. En la actualidad, varias comunidades tradicionales todavía se autoabastecen, ya sea en selvas, bosques, montañas, desiertos y hasta en regiones árticas.
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) estima que más de 370 millones de indígenas viven en 70 países y hablan más de 5.000 lenguas.
“Vivir bien es tener una buena relación con la Madre Tierra y no depender de la dominación ni de la extracción”: Victoria Tauli-Corpuz.
A medida que el desarrollo económico penetra hasta en los rincones más aislados del planeta, muchas comunidades originarias se ven amenazadas, al igual que su estilo de vida.
El avance del progreso significa que se hacen esfuerzos tanto para extraer recursos, vitales para los pueblos indígenas, como para “integrarlos” mediante la introducción de la medicina occidental y de los sistemas educativo y económico a su estilo de vida tradicional.
“Hay dos comunidades no contactas cerca de mi casa, pero sufren la amenaza de la exploración petrolera”, dijo Moi Enomenga a IPS.
Enomenga es integrante del pueblo waorani o huaorani, un grupo indígena de la Amazonia, que viven en el este de Ecuador, en un área de exploración petrolera. Nadie sabe cuánto tiempo llevaban allí antes del primer encuentro con los europeos, a fines del siglo XVII.
“Para ellos sacar el petróleo de la tierra es como sacarles la sangre del cuerpo”, ejemplificó.
Ecuador ratificó la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, que les otorga derecho a consulta frente a proyectos de extracción en sus territorios. Pero según organizaciones civiles, la minería y las prospecciones dejan dudas sobre el compromiso del gobierno de hacer cumplir esos derechos, lo que generó varias protestas.
A pesar de su larga historia, las comunidades indígenas diseminadas por el mundo tienen en común el estar bajo intensa presión por adaptarse a un sistema económico globalizado, que les ofrece algunos beneficios pero que usualmente destruye su tierra y su cultura y las convierte en especialmente vulnerables a fenómenos como el cambio climático.

Comunidades simples, no grandes proyectos de desarrollo

El pueblo de Ustupu en el semi-autónomo territorio kuna, en el archipiélago de San Blas, en el este de Panamá, procura
un estilo de vida simple y sostenible. Crédito: Nicolas Villaume, Land is Life.
La vida es difícil para las comunidades de montaña, en especial porque el impacto del cambio climático se hace cada vez más evidente, indicó Matthew Tauli, integrante de la comunidad indígena Kankana-ey Igorot, en la región montañosa de Filipinas.
“Necesitamos cosas pequeñas y sencillas, no grandes obras económicas de desarrollo como grandes represas o proyectos de minería”, dijo Tauli a IPS.
Se estima que en Filipinas viven entre 14 y 17 millones de indígenas pertenecientes a 110 grupos etnolingüísticos, que representan casi 17 por ciento de los 98 millones de habitantes.
El estilo de vida tradicional de una gran proporción de indígenas está en riesgo, en especial por el desplazamiento forzado y la destrucción de sus tierras ancestrales, según la ONU.

Protectores de la naturaleza

Como en otras partes del mundo, las comunidades originarias desde Luzón, uno de los tres grandes archipiélagos de Filipinas, a Mindanao, la mayor de las islas del sur, luchan para resistir a las formas destructivas del desarrollo.
Su lucha es similar a la de otras regiones, en especial en países como India, donde viven 107 millones de indígenas en tribus, como se denomina a las comunidades originarias, también llamados localmente adivasis.
“Resistimos los esfuerzos del gobierno de hacernos cultivar y plantar los mismos cultivos en vastas áreas”, relató a IPS el adivasi K. Pandu Dora, del meridional estado indio de Andhra Pradesh.
Ese estado tiene 49 millones de habitantes y, según el censo de 2011, las tribus constituyen 5,3 por ciento de la población total, poco menos de tres millones de personas.
El pueblo de Dora habita en lo alto de la montaña, donde practican la rotación de cultivos en una relación íntima con los ciclos de la naturaleza.
Las tribus vecinas que siguieron el consejo de las autoridades de adoptar métodos agrícolas modernos con fertilizantes químicos y monocultivos están atravesando dificultades, explicó Dora por medio de un traductor.
Con 70 por ciento de las comunidades agrícolas y tribales por debajo de la línea de pobreza, las prácticas agrícolas no sostenibles representan un desastre potencial para millones de personas.
El cambio climático ya causa estragos a la hora de cultivar y cosechar, perturba los ciclos naturales a los que están acostumbradas las comunidades rurales.
A diferencia de los agricultores atrapados en los programas impulsados por le gobierno, la comunidad de Dora respondió aumentando la diversidad de cultivos y confiando en su capacidad de innovación.
“Encontraremos nuestra propia respuesta”, remarcó.
En el continente africano, en la zona seca de Kenia, los pequeños agricultores que dependen de una diversidad de cultivos siguen bien, destacó Patrick Mangu, etnobotánico del Museo Nacional de Nairobi.
“La señora Kimonyi nunca tiene hambre”, dijo Mangu a IPS, al describir el terreno de una hectárea de esta campesina, quien tiene 57 variedades plantadas de cereales, leguminosas, raíces, tubérculos, frutas y hierbas.
La diversidad, principalmente de variedades locales que producen alimento casi todos los días del año, es la que permitió amortiguar el impacto de la sequía para Kimonyi, aseguró.
Casi la mitad de los 44 millones de habitantes de Kenia son pobres, la gran mayoría viven en zonas rurales de las regiones central y occidental del país.
El aprovechamiento de métodos agrícolas tradicionales puede significar una importante mejora en los ingresos, la salud y la seguridad alimentaria en el vasto cinturón agrícola de ese país africano, pero el gobierno todavía debe avanzar en esa dirección.
En el mundo, los bosques mejor protegidos están cuidados por pueblos indígenas, remarcó Estebancio Castro Díaz, de la nación kuna, en el sudeste de Panamá. Por ejemplo, más de 90 por ciento de las selvas controladas por ellos todavía se mantienen.
Pero no sucede así en el resto de ese país centroamericano, que perdió 14 por ciento de su cobertura forestal tan solo entre 1990 y 2010.
“La selva es un supermercado para nosotros, no se trata solo de madera. El control local de los bosques también trae otros beneficios para toda la sociedad”, explico Díaz.
Como los árboles absorben dióxido de carbono, responsable del recalentamiento global, los bosques saludables resultan un instrumento importante en la lucha contra el cambio climático. Las selvas controladas por comunidades locales absorben 37.000 millones de toneladas de CO2 al año, dijo a IPS la relatora especial de la ONU sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, Victoria Tauli-Corpuz.
“En Guatemala, los bosques a cargo de comunidades locales tienen 20 veces menos deforestación que las que gestiona el Estado; en Brasil es 11 veces menos”, observó Tauli-Corpuz.
Pero muchos gobiernos ni reconocen el derecho a la tierra de los pueblos indígenas ni su forma de gestión, añadió.
El problema general cuando se trata del cambio climático, de la pérdida de biodiversidad y de llevar una vida sostenible es que requiere cambiar el actual sistema económico creado para dominar y extraer recursos de la naturaleza, observó Tauli-Corpuz.
“La educación y el conocimiento modernos tratan principalmente de cómo ejercer un mejor dominio sobre la naturaleza. Nunca se trata de cómo vivir en armonía con ella”, apuntó.
“Vivir bien es tener una buena relación con la Madre Tierra y no depender de la dominación ni de la extracción”, resumió.

Editado por Kanya D’Almeida / Traducido por Verónica Firme
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Fuente: IPS: http://www.ipsnoticias.net/2015/05/vivir-como-los-indigenas-de-la-selva-a-las-montanas/

11 abr 2015

Australia: Reclamo territorial indígena frena megaproyecto minero

Indígenas protestan en Brisbane contra los planes de Adani Mining. Foto: Wanganjagalingou.com.au.
- Comunidades Wangan y Jagalingou rechazan plan minero-ferroviario de explotación de carbón valuado en US$16 mil millones.
Por Luis Claps

Servindi.- Un reclamo territorial indígena contra el megaproyecto minero Carmichael se perfila como el mayor desafío de la Ley de Titulación Indígena de Australia en más de dos décadas.
Propietarios tradicionales del centro de Queensland presentaron una declaración ante el Parlamento en la que se oponen al megaproyecto, porque sostienen que destruirá sus tierras ancestrales y herencia cultural.
Los pueblos Wangan y Jagalingou iniciaron en 2004 un reclamo de propiedad sobre la mayor parte de la Cuenca de Galilee, principal objetivo del plan extractivista.
“El Mundunjurra, lo llamamos dador de agua. El agua llega y viaja por la tierra, lo alimenta todo, alimenta todo desde el río Carmichael hasta el Belyando, hasta el Burdekin y el océano y todas las demás tribus de la zona”, declaró el líder indígena Adrian Burragubba a ABC News durante una protesta frente al Parlamento de Queensland en la ciudad de Brisbane.
El emprendimiento, aprobado por las autoridades australianas en julio de 2014, se ubica al norte de la cuenca de Galilee, unos 160 kilómetros al noroeste de la ciudad de Bowen.
La empresa de capitales indios Adani Mining proyecta construir seis tajos abiertos, cinco minas subterráneas y una línea ferroviaria de 189 kilómetros para movilizar a puerto unas 60 millones de toneladas de carbón térmico al año.
Según el Departamento de Desarrollo de Queensland, el proyecto minero ocuparía unas 20 mil hectáreas y es considerado el más grande en su tipo del hemisferio sur.
Ubicación de la Cuenca de Galilee en el Estado de Queensland. Mapa: Wikipedia.
Pocos días después de que los Wangan y Jagalingou se negaran a firmar un acuerdo por las tierras con Adani, la empresa emprendió acciones legales para imponerse sobre la voluntad de las comunidades.
Si la demanda de Adani prospera allanará el camino para que el gobierno de Queensland adquiera compulsivamente las tierras indígenas y entregue el territorio a los empresarios indios.
“Hemos comunicado nuestra posición con claridad – el Consejo Representativo de las Familias Wangan y Jagalingou ha resuelto mantener su postura y oponerse al proyecto Carmichael de Adani por su devastador impacto en el título de propiedad nativa, las tierras ancestrales, el medioambiente y la herencia cultural” expresó el grupo indígena en un comunicado publicado en su página de Internet el 2 de febrero de 2015.
“Esta mina interferirá para siempre con nuestro modo de vida y tradiciones culturales. Supone un impacto negativo a nuestras estructuras económicas, culturales y sociales. Sabemos esto por la forma en que Adani nos ha tratado. No nos ha escuchado ni respeta nuestro punto de vista. El precio que Adani nos quiere hacer pagar incluye el silencio en el futuro – no podremos objetar nada de lo que hagan” concluye el comunicado.
La explotación de Carmichael es la razón por la que Adani propone construir un puerto carbonero en la llamada Gran Barrera de Coral australiana, el mayor arrecife de corales del mundo. Diversos grupos ambientalistas y operadores turísticos se oponen a la construcción del puerto. Una petición de la organización AVAAZ en contra del proyecto ya reunió casi un millón de firmas.